Convento de las RR. Jerónimas de S. Ildefonso

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A comienzos del siglo XVI fueron adquiridas varias casas en los alrededores de San Miguel con el objeto de que varias señoras de Guadalajara se retiraran a ellas para llevar vida religiosa.

En 1564, cuatro señoras de la nobleza alcarreña llegadas de Guadalajara, Doña Beatriz de Zúñiga, Doña Maria de Mendoza, Doña Ana de Medrano y Doña Antonia de Salazar, a las que se unieron las briocenses Juana Ruiz, Isabel de Acosta, Elvira de Trillo, Isabel de Heredia, María de Aguilera, Isabel Ruiz, Ana Ansúrez, Inés Ocheredia, Isabel de Madrid, Mariana Bravo, María Ruiz, María de Angulo e Isabel Garcés, se retiraron a las casas mencionadas viviendo vida religiosa según las reglas de San Jerónimo y Santa Paula.

Su recogimiento y austeridad motivó que varias personas, animadas sin duda por los monjes jerónimos de Villaviciosa, construyeran una Iglesia muy digna y un monasterio casi señorial, al que se trasladaron en 1596. El decreto de constitución del monasterio de religiosas bajo la advocación de San Ildefonso, que se regiría por las reglas de la Orden Jerónima, fue firmado en Madrid por el Cardenal de Toledo, Alberto, Archiduque de Austria.

Tenía un carácter señorial, marcado por los orígenes de sus fundadoras, ya que se tiene constancia de las elevadas dotes aportadas al ingresar al convento por varias monjas, como los 950 ducados con que ingresara en 1630 una postulante soriana. En él profesaron Ana, Jerónima y Baltasara Pascuala Durón, las tres hermanas de los célebres músicos Diego y Sebastián Durón, aunque su dote fue sensiblemente menor.

En el siglo XVIII la comunidad, además del monasterio con su iglesia y huerta, poseía veintitrés casas, un molino y un batán en la ribera de Fuencaliente, noventa y una parcelas, de las que siete eran de regadío, dos olivares, un rebollar y tres eras de pan trillar. Los censos a su favor eran 383 de diverso capital, que sumaban la elevada cifra de 453.712 reales ("Libro de Corporaciones Eclesiásticas" del Catastro de Ensenada de 1753 depositado en el A.M.B. legajo n. 23).

Durante la batalla de Diciembre de 1710, en la guerra de sucesión, se utilizó la iglesia del convento como de hospital de sangre. En agradecimiento a su labor el rey, D. Felipe V, regaló a la congregación una granada de cañón que cayó en la huerta y no explotó y una bandera tomada al enemigo. Dicha bandera, estuvo colgada en la iglesia hasta que las monjas se la regalaron a D. Alfonso XII con motivo de su boda con Doña María Cristina de Habsburgo el 29 de Noviembre de 1879.

El siglo XIX supuso una dura prueba para el monasterio. Primero la guerra de la Independencia, durante la cual las monjas huyeron asustadas ante la llegada de los franceses, refugiándose en Pajares y encontrándose el convento saqueado a su regreso. Luego las leyes desamortizadoras de Mendizábal supusieron la pérdida de sus bienes, conservando el monasterio ya que superaba el número de religiosas determinado por la ley para su desaparición. Durante la segunda mitad del siglo XIX y algunos años del XX se dedicaron a la enseñanza en un pequeño colegio que les aportaba una escasa renta.

A finales de Julio de 1936 estaba formada la comunidad por doce monjas, que debieron abandonar el convento por orden del Alcalde, y que fueron acogidas por diversos vecinos de la villa hasta que en Marzo de 1937, después de la batalla con los italianos, se trasladaron a Balconete.

Terminada la guerra civil en 1939 quedó reducida la comunidad a menos de diez monjas, ya que dos habían fallecido de muerte natural y otras no regresaron. El edificio quedó casi en ruinas debido a uno de los bombardeos sufridos por el pueblo y los enseres y el ajuar litúrgico habían desaparecido. Lo único que se encontró fue un cáliz guardado en la casa de una familia amiga, por lo que las monjas pensaron recogerse en otra comunidad que no hubiese sufrido el paso de la guerra, pero las autoridades eclesiásticas de Toledo dispusieron que se fusionasen con monasterio de Nuestra Señora de los Remedios de Guadalajara, que también había sufrido graves daños en la contienda, y que fuese reconstruido el edificio de Brihuega. Se reunieron en el edificio del hospital, cedido temporalmente por el Ayuntamiento, mientras se realizaban las obras en el antiguo convento para poder residir en el mismo.

En junio de 1942, ya de nuevo en el viejo convento, recibieron la primera visita canónica de la nueva etapa. La comunidad venida de Guadalajara aportó algunos retablos de relativo valor y la de Brihuega, una iglesia y unas ruinas. El mayor número de monjas de Guadalajara originó que en una votación secreta se acordase cambiar el nombre de San Ildefonso al viejo monasterio briocense y llamarlo en adelante con el de Nuestra Señora de los Remedios, con que fuera conocido el arriancense.

En 1960 optaron por suprimir el pequeño colegio que venían regentando. El estado del edificio era lamentable, sin duda debido a la rápida y parcial restauración de 1941, y sufría humedades, resquebrajamientos, goteras, etc. lo que las obligó a estar continuamente metidas en obras, empleando en ellas unos recursos necesarios muchas veces para sobrevivir. En esta época la declaración de ruina del convento de las monjas bernardas y sobre todo, el desplome de la torre de la arruinada iglesia de San Juan, que ocasionó varias víctimas, originó un gran temor ante el posible hundimiento del convento lo que llevó al cierre de la iglesia en Julio de 1969 ante la aparición de una ligera grieta en el arco del presbiterio y algunas otras surgidas en distintas dependencias. Coincidiendo con la inauguración del nuevo monasterio cisterciense, iniciaron gestiones en el pueblo para encontrar terrenos donde edificar un nuevo convento, que no dieron resultado positivo. El 24 de Febrero de 1971 marcharon diez de las monjas jerónimas de Brihuega hacia el convento de "La Concepción Jerónima" de Madrid, quedando las seis restantes en el viejo convento, recogiendo los enseres de la comunidad. El 15 de Marzo marcharían a Yunquera de Henares donde definitivamente se asentarían. De esta forma se cerraban los 375 años de historia de esta comunidad religiosa en Brihuega.

 
 
 
 

Lo único destacable del convento era la iglesia, cuya fachada principal podemos ver en al avenida de la Constitución. Su portada, precedida de unos escalones, está levantada en piedra caliza, entre dos contrafuertes. Es de orden toscano, con arco de molduras planas de medio punto, con pilastras acanaladas, friso con triglifos, frontoncillo con hornacina de concha y remates de bolas, todo de aspecto severo y bien proporcionado, construida en la primera mitad del siglo XVII.

El interior es de la misma época. Tiene una solo nave, con medias pilastras adosadas a los muros, cornisón, bóvedas de medio cañón y delante del altar mayor una cúpula de casquete esférico sobre pechinas, todo revestido de yesería.

El retablo principal, también del siglo XVII, estaba dividido en cuatro cuerpos horizontales, donde estaban representados de abajo arriba, los cuatro órdenes romanos. En el lugar principal había un buen relieve representando la imposición milagrosa de la casulla a San Ildefonso, titular del monasterio, y en los otros recuadros, cuatro buenas pinturas de gran tamaño que representaban a la Trinidad, Cristo en la columna, el Descendimiento, la Resurrección, San Jerónimo y una santa (¿Santa Paula?), obras no muy perfectas, siendo las mejores la Resurrección y Cristo en la columna. En la de la Santa se leía la firma del autor : "Pedro Alcalde me fecit anno 1653".

De mayor mérito eran un San Jerónimo pintado que se veneraba en un retablo lateral y un relieve de alabastro que representa la escena de la Visitación. En otro retablo había un cuadro que representaba a San Francisco Javier bautizando a los indios, copia de una existente en la catedral de Madrid, aunque de menores proporciones y que tenía la siguiente leyenda: "D. Juan de Cabiria y Garcia mudo dena cion 1702".

Actualmente el convento se ha rehabilitado gracias a un proyecto de hostelería, que lo ha salvado de la ruina en la que se encontraba, y que ha sido merecedor de una mención especial de los premios Europa Nostra 2013.

 

 

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