Convento de Santa Ana de Monjas Recoletas de San Bernardo

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Fundado en 1615, es el único que en la actualidad permanece en Brihuega. Su fundador, Juan de Molina, fue un noble acaudalado de Alcalá de Henares, que residí­a en Brihuega.

Las primeras religiosas que poblaron el convento fueron sor Francisca de San Bernardo, abadesa, sor Isabel de San Bernardo, priora, y sor Escolástica de la Asunción, subpriora, procedentes del monasterio de San Joaquí­n y Santa Ana de Valladolid, a las que se unieron sor Melchora de San Lorenzo, hermana del fundador y Sor Marí­a de San Roberto. A su llegada a Brihuega, el convento, que se estaba edificando en terrenos de D. Juan de Molina, estaba sin terminar, por lo que se les habilitaron unas casas del pueblo hasta que fueron terminadas las obras.

Al morir su fundador, que fue enterrado en el presbiterio de la iglesia del convento, quedó como patrona del monasterio su mujer, Ana Coronel de Albornoz, natural de Brihuega. Los distintos herederos en los que fue recayendo el patronazgo del convento ya no residí­an en Brihuega, lo que fue originando con el tiempo una gran dejadez en sus derechos y funciones.

El patronato del convento llegó a tener abundantes posesiones entre fincas rústicas y urbanas, un horno de pan y diversos censos monetarios, pero fueron muy mal administrados, llegando a tener varios años de retraso en el cobro de rentas a finales del siglo XVIII.

Durante la Guerra de la Independencia, se trasladó la comunidad al vecino pueblo de Malacuera por temor a los soldados franceses, y a su regreso comprobaron que éstos habí­an desmantelado el archivo y robado todos los objetos de valor, excepto las pinturas de los retablos.

Con la llegada de las leyes desamortizadoras de Mendizábal en el siglo XIX, el patronato se vió inmerso en graves problemas económicos, ya que le fueron enajenados todos sus bienes, hasta el punto de que Dª Nicasia y Petra Rodrí­guez Mendarosqueta y de la Cerda, descendiente de los anteriores patronos, tuvo que ser acogida a la caridad de las monjas, quienes también se vieron despojadas de todos sus bienes.

El 5 de septiembre de 1877 debido a una fortí­sima tormenta, una gran avenida de agua asoló el pueblo a su paso, alcanzando más de un metro de altura en algunas calles. Sobre las cuatro de la tarde, se vieron las monjas en la obligación de pedir auxilio tocando la campana de la iglesia y a gritos desde las ventanas, ya que el agua, que les entraba desde la huerta, habí­a alcanzando dos metros de altura en algunas habitaciones. Auxiliadas por los vecinos, fueron sacadas del convento junto con cerca de sesenta niñas que allí­ asistí­an a clase, y trasladadas al vecino convento de monjas jerónimas, donde tuvieron que permanecer hasta enero del año siguiente, una vez terminadas las reparaciones. El maestro de la obra fue Santiago Retuerta, como se consignó en una losa puesta sobre el arco de medio punto que daba entrada a la iglesia en su parte inferior.

El siglo XX supuso una dura prueba para las religiosas. En el año 1912 adoptaron las Constituciones de la Orden del Cister por las que han venido rigiéndose hasta nuestros dí­as. Con la llegada de la 2ª República y la supresión de los colegios religiosos, se vieron privadas las monjas de los escasos ingresos que éste les producí­a. Durante la guerra civil se dispersó la congregación hasta su finalización. Cuando regresó parte de ella, se encontraron con un convento casi inhabitable por haber sido utilizado como almacén y deposito, que fueron reconstruyendo desde diciembre 1939 hasta marzo 1940.

 

 

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Allí­ permanecieron las monjas hasta que el convento comenzó a amenazar ruina.

Monasterio Cisterciense de Santa Ana. Brihuega (Guadalajara).En 1966 los técnicos del obispado y del gobierno civil declararon el edificio en ruina y tuvo que ser desalojado, iniciándose gestiones para construir un nuevo convento. Este fue construido entre la carretera del rí­o y el camino de la Fuente de la Princesa y terminado en diciembre de 1968.

El viejo convento

Su planta principal era en escuadra y ocupaba el ángulo la iglesia, única parte que tuvo algún interés monumental. Constaba de una sola nave, con la capilla mayor levantada del suelo. Su ornato arquitectónico era muy sencillo y consistí­a en un resalto y molduras de yeserí­a. El techo de la bóveda era de medio cañón y cornisa. Un arco profundo contení­a el retablo principal que, como los dos laterales, correspondí­a al orden corintio con columnas estriadas, frontoncillo roto y dorados y estofos del gusto de la época (primera mitad del siglo XVIII).

El centro del retablo principal estaba ocupado por una pintura de autor desconocido que representaba a la Virgen, el Niño, San Joaquí­n y Santa Ana (de cuya advocación es el convento) y delante a San Bernardo en actitud orante. El retablo lateral del lado de la epí­stola estaba ocupado por un cuadro que representaba a Santa Catalina Virgen y Mártir. En él se leí­a la fecha de 162... y estaba firmado por Luis Tristán. En el zócalo del retablo habí­a dos pequeñas tablas pintadas de menor mérito. En el retablo de enfrente habí­a otro lienzo que representaba a San Jorge, sin fecha ni firma y de menos mérito que el anterior.

Ambos retablos fueron donados por D. Jorge Pérez de Molina, refitolero de la iglesia toledana durante veinticinco años, según rezaba en una inscripción pintada al óleo y decorada con un escudo de armas. Existí­a un retrato suyo junto al retablo de San Jorge, en el que aparece de medio cuerpo, vestido con ropilla negra y gola. Encima tení­a un letrero en el que se leí­a: Aetatis suae 51 Año 1603. En el centro de la nave de la iglesia estaba su sepultura cubierta con una lápida de mármol en cuya parte inferior estaba su escudo: un castillo cuya puerta está sobre media rueda de molino y tres flores de lis, todo con orla de aspas; encima de estas armas se leí­a :

AQUI YAZE SEPVLTA

DO JORGE DE MOLI

NA REFITOLERO QUE F

VE DELA STA YGLESIA DE TOLE

DO FALLECIO EN ALCA

LA L 14 DE OCTVBRE ANO DE

1623

En el al lado del Evangelio de la capilla mayor estaba el sepulcro del fundador, D. Juan de Molina, que constaba de una estatua de tamaño natural, arrodillada y orante, con una lápida de mármol negro, en cuyo centro aparecí­a el mismo escudo antes mencionado y una larga inscripción laudatoria en la que se decí­a que allí­ estaba sepultado Juan de Molina, varón insigne que fundó y dotó este monasterio de bernardas recoletas con tí­tulo de Santa Ana como habí­a fundando el convento de Franciscano de la villa: fue refitolero de la iglesia de Toledo y falleció a 24 de Diciembre de 1629 a la edad de 96 años. La estatua era de alabastro, llevaba ropilla, gregüescos y gola y la cabeza estaba esculpida con acierto. Al derribar la iglesia en 1969, la lápida con la lauda fue trasladada al nuevo convento, pero al permanecer desde entonces a la intemperie en el cementerio monacal, está casi totalmente deteriorada. La estatua orante fue trasladada a Madrid durante la guerra civil.

http://www.cisterbrihuega.org/

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