Historia de la Real Fábrica de Paños de Brihuega

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El origen de la Real Fábrica de Paños de Brihuega

En el año 1718 se crea la Real Fábrica de Paños de Guadalajara, pionera en este tipo de establecimientos en España, que junto con Vicálvaro y San Fernando formaban parte de la red de manufacturas reales del país.

El 1 de abril de 1750, durante el reinado de Fernando VI, y como sucursal de la fábrica de Guadalajara, se crea la Real Fábrica de Paños de Brihuega, población alcarreña con una antigua tradición textil (hay datos de dicha tradición en el fuero concedido en el siglo XIII). Los motivos para dicha instalación, además de la insistencia de los vecinos de la villa, fueron la existencia de mano de obra especializada, agua y leña en abundancia y el río Tajuña cuya corriente movería el batán.

Esquema de un batán

En el verano de 1751, con la dirección del arquitecto Manuel de Villegas, comenzaban las obras de construcción de la fábrica. Su primer director fue Ventura de Argumosa, Gobernador y Superintendente General de las Reales Fábricas de San Fernando y Guadalajara. El inicio de las obras supuso la llegada a la villa de buen número de trabajadores que se emplearon en la construcción de la fábrica. El costo de este primer edificio ascendió a 617.857 reales.

Antes de que el edificio estuviese terminado, en abril de 1751, ya funcionaban repartidos en varias casas de la villa 20 telares. A principios de 1752 había 30, y 50 a mediados de 1753. El Catastro del Marqués de Ensenada, realizado ese año, describe la fábrica de la siguiente manera:

Una casa en el barrio de Santa Lucía, su figura circular que tiene 624 pies de circunferencia y 200 de diámetro, con la puerta principal al norte, otra que sale a la Rama y tendedero al mediodía y la puerta de la intendencia al poniente, que no linda con casa alguna por estar dominando a todas, y dentro del recinto de las murallas.  Su vivienda se compone de un zaguán por la puerta principal y en él un cuarto para el portero y otro para los soldados de la guardia. Un patio también circular con una fuente con dos crujías para sentar 66 telares, el cuarto de la intendencia con su recibimiento, salas, cocina, y demás piezas correspondientes en el cuerpo bajo, un zaguán en la puerta de la intendencia con diferentes oficinas como son contaduría, tenería, 4 almotacenes para lanas, utensilios, aceite y paños acabados, una oficina de emborradores donde al presente hay 20 oficiales con su despacho para el maestro, despacho de lanas y urdidor con lo demás correspondiente a él y un despacho para el maestro y oficial de libros, otra oficina de tundidores donde al presente hay 3 mesas con 6 oficiales, otra oficina de perchadores donde al presente hay dos mesas a la moda inglesa con ocho oficiales, y dos mozos para hacer y limpiar palmares, otra oficina de despinzadores de paños en limpio para 4 mesas con ocho oficiales, en el cuerpo de desvanes hay una oficina de despinzadores de paños en jergas para seis mesas con 12 oficiales, oficina de desmotadores, descadilladores y baqueteadores, con 12 oficiales, tenderos de lanas y paños en invierno, así mismo tiene dicha Real Fábrica a la parte de mediodía, y contiguo a ella, la rama y tendederos de paños, con su cerca de mampostería que ocupa tres fanegas de tierra

Además pertenecían a la fábrica un batán en el río Tajuña, un lavadero de lana y una tierra de secano donde para sembrar la gualda, la rubia y el pastel, usados en la fabricación de tintes.

El número de trabajadores ascendía a 335, entre oficiales, maestros, tejedores, cardadores, etc., además de 120 niños de las las escuelas de hilazas que se habían creado en la Brihuega y otros pueblos de los alrededores. En la fábrica de Brihuega se pretendía formar a los aprendices que luego pasarían a formar parte de la misma o de otras fábricas como operarios, tal y como se refleja en el contrato de arrendamiento firmado con el Gremio de Paños de Madrid en 1757:

que por ser una de las mayores importancias para la perfecta conservación de las varias artes de que se componen estas fábricas el continuar en la enseñanza de aprendices de las diversas maestrías, para que se vayan sucediendo las habilidades y no tener que traer maestros extranjeros, queda obligado el gremio de paños a vigilar y mantener aprendices españoles a todos los maestros a fin de que los enseñen sus Artes, dándoles el salario regular de los aprendices y escogiendo los más hábiles y de mejor disposición en cada oficio. Y luego que cumplan sus aprendizajes y salgan para maestros, ayudantes u oficiales, se pondrá en su lugar otro aprendiz, cuidando siempre el gremio de que sobren maestros inteligentes, no sólo por ser preciso para que estén más subordinados y desempeñen su obligación, sino porque estas fábricas deben servir de Escuela para criar buenos maestros que puedan ir a las demás particulares del Reino cuando los necesiten.

Casi toda las labores del proceso de fabricación de los paños se realizaban en Brihuega: se lavaba la lana para eliminar la grasa, los cardadores la trabajaban para eliminar el pelo, se hilaba, se realizaba el tisaje. Al pasar al batán del Tajuña los paños se compactaban y se desengrasaban nuevamente. Después los tundidores con sus tijeras, igualaban el pelo de los paños. El prensado se realizaba en Guadalajara. En 1761 se instaló en Brihuega un tinte, labor que antes también se hacía en Guadalajara. Las piezas fabricadas eran de 30 varas cada una, y se vendían a 60 reales la vara.

Telar del siglo XVIII

Después de un arranque espectacular en sus primeros años, comenzó un periodo de decadencia que llevó a su arriendo al Gremio de Paños de Madrid, uno de los llamados Cinco Gremios Mayores, desde 1757 a 1767, tras lo cual volvió a manos de la Real Hacienda, que la independizó de la de Guadalajara.

Época de esplendor

En el año 1768, debido a la epidemia ocurrida entre sus trabajadores por las malas condiciones en las que trabajaban, la fábrica de San Fernando se trasladó a Brihuega, que aumentó sus telares a 117, y allí siguió hasta 1778 en que fue llevada a Guadalajara. Este enorme crecimiento motivó la ampliación del edificio de la fábrica, usando primero parte de las dependencias del castillo para almacén, oficinas y vivienda de los trabajadores, y construyendo después dos nuevos pabellones: la Casa Nueva y el edificio que, pegado a la antigua muralla de la villa, se orientó hacia la iglesia de San Felipe enlazando así la fábrica, en un primer momento aislada, con el pueblo. Las obras de dichos

Cuando la fábrica de San Fernando fue llevada a Guadalajara, la pérdida de las casi 200 familias que la formaban motivó la queja de las autoridades locales, que se vieron compensadas con la instalación de 30 nuevos telares, quedando un total de 60 en la fábrica de Brihuega.edificios no fueron acabadas hasta 1798.

Telar 02

Telar del siglo XVIII

Tras este periodo de independencia, en 1785 la fábrica de Brihuega vuelve a depender de la de Guadalajara, ajustando los tipos de paños fabricados, reduciendo sus variedades, y haciendo desaparecer de ellos la marca de Brihuega, mientras que se convertía en una de las más prestigiosas del país. Las obras de ampliación continuaban, y en 1787 se llegó a la cifra de 100 telares funcionando, con intención de instalar 40 más. Se calcula que el 30% de la población de Brihuega trabajaba para la fábrica de paños. En 1791 se alcanzó la cifra total entre empleados directos e indirectos de 1.038, cuando la población de Brihuega era de unos 4.000 habitantes. En un documento de la época se dice:

la mayor parte del vecindario de esta ciudad y villa de Brihuega vive y gana su pan de las fábricas..., y con eso ha aumentado al propio tiempo la agricultura, tanto que en esta ciudad se ha triplicado desde que hay fábrica en ella;

al mismo tiempo,

una multitud de pueblos de todas las Alcarrias, campiña y Mancha están ganando y sosteniéndose con el dinero que ganan mujeres y niños a hilar para estas fábricas.

En 1768 se crea la "Hermandad de todos los dependientes de las Reales Fábricas", que garantizaba una mínima asistencia social a los trabajadores, quienes contribuían con una cantidad al mes para asistir a sus enfermos con seis reales diarios durante el tiempo que permaneciesen sin poder trabajar por falta de salud y pagar el entierro del que muriese.

Cese de actividades y desaparición

La crisis de fin de siglo llevó a la fabrica de Brihuega a su decadencia. Con Carlos IV se redujeron las actividades de la fábrica de Brihuega, y la Real Compañía de Ganaderos de Soria quiso comprarla para mejorar la fabricación de los paños de Burgo de Osma y alrededores.

La corona denegó la venta, entre otras razones:

Por el pays en donde está situada y por las circunstancias que concurren en aquellos naturales es una alaja digna de todo su aprecio y atención... deben mantenerse la Fábricas administradas como están, para hacer competencia a los texidos extrangeros y dar trabajo a centenares de havitantes y crear un buen plantel de artesanos... aunque acarrean algún gasto al Erario ... han prosperado y se hallan en un grado muy próximo a su perfección.

Durante la Guerra de Independencia y la ocupación francesa cesó su producción, siendo saqueada por los franceses y por las partidas guerrilleras. Fue usada como cuartel y en su interior se alojó el general Hugo (padre del escritor Víctor Hugo). Gracias a Castillo, el contador, que logró sacó paños y enseres y huyó a la zona no ocupada, los franceses no se apoderaron de cuanto había en la fábrica. La ocupación de Brihuega duró desde mayo de 1810 hasta agosto de 1812, y volvieron en noviembre de 1812 hasta mayo de 1813. Al acabar la guerra, se recuperaron la mayor parte de los útiles desperdigados por Castillo y en 1814 volvieron a funcionar 10 telares, tras arreglar los desperfectos de los edificios.

La fábrica de Brihuega estaba condenada a desaparecer. Su director, Felipe González Vallejo, fue condenado por Fernando VII el 28 de enero de 1816 a reclusión en Ceuta y destitución de su cargo por emitir falsos informes y providencias conntrarios a los intereses de la corona. En el mes de Noviembre de ese mismo año se produjeron algaradas porque no se abonaban los jornales a los obreros, hasta el extremo de desarmar a la guardia de los suizos que custodiaba la fábrica. Solo la intervención del rey, a quien los trabajadores enviaron una carta exponiendo su situación, hizo que recibieran parte de los salarios atrasados.

Finalmente, en 1822, la Hacienda Real intentando recuperar parte de lo invertido en la fábrica de Brihuega, decide su venta para hacer frente a la deuda nacional. Hubo varios intentos que fracasaron de arrendarla o venderla, hasta que en 1840, durante el proceso desamortizador de Mendizábal, vacía ya de enseres, es comprada por D Justo Hernández Pareja, quien continuó fabricando allí paños ordinarios y mantas para el ejercito hasta el inicio de la guerra civil en 1936.

La Real Fábrica hoy

Con el paso de los años la fábrica se encontró repartida entre los herederos y dividida en viviendas. El edificio del ramal Norte fue adaptado para su uso como residencia abriéndose puertas de garaje, creándose buhardillas sin respetar la simetría del conjunto, etc. Actuaciones lamentables en un edificio tan notable y cuyo valor artístico e histórico nos pertenece a todos.

Los edificios de la capilla y la Rotonda, de difícil mantenimiento, se encuentran fuera de uso y hasta hace unos años, casi en la ruina. En 1828 ya se hablaba del

peligro inminente en que se halla de ser reducido a escombros el edificio de las Reales Fábricas de Tejidos de Brihuega con motivo de haberse arruinado una parte del tirante que hace martillo a la fábrica principal y la necesidad de que se atienda su remedio.

La Hacienda Real procedió a su reparación con un coste de 12.000 reales.

Dibujo fabrica Sopetran Domenech

Dibujo de Sopetrán Domenech

En el año 1982, la Dirección General de Bellas Artes encargó Mª Carmen Mostaza y Andrés Parea, arquitectos, un proyecto de restauración para el que destinó veinticuatro millones de pesetas, con el objetivo de restaurar los edificios de la Redonda y de la Capilla. Se consolidó la estructura, se arreglaron las cubiertas y las fachadas, reproduciendo en la fachada de la Rotonda la decoración original del edificio, con las mismas texturas, colores, dibujos geométricos y recuadros en las ventanas.

En 1983, los mismos arquitectos diseñaron la rehabilitación interior del edificio, que no se llevó a cabo, estando hoy en día el interior desmantelado, sin suelo entre las plantas, ni ventanas, ni puertas, pudiéndose ver la impresionante estructura de vigas de madera.

La importancia actual del Edificio de la Real Fábrica de paños de Brihuega se centra en ser el único exponente de la arquitectura industrial ilustrada que nos queda, tras la desaparición de los edificios de San Fernando y Guadalajara.

La Real Fábrica de paños de Brihuega fue incluida dentro de los 49 bienes industriales que formaron el Plan de Patrimonio Industrial, según el acuerdo alcanzado por la Dirección General de Bellas Artes, del Ministerio de Educación y Cultura, a través del Instituto del Patrimonio Histórico Español y de las Comunidades Autónomas, pero quedó fuera de la primera selección de actuaciones urgentes.

Se inició por parte del Ayuntamiento un importante proyecto para la rehabilitación de parte edificio y su posterior destino a Parador Nacional, que fue rechazado en el año 2004.

En mayo del 2005 el Gobierno de Castilla-La Mancha declaró la Real Fábrica de Paños de Brihuega, Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento.

Después de años de futuro incierto, tras la negativa a convertirla en parador, en el año 2005 se formalizó su venta a la empresa Rayet por parte de los propietarios particulares, siendo también dicha empresa la adjudicataria de la subasta realizada sobre la parte que poseía el Ayuntamiento. El proyecto de la división de hoteles del Grupo Rayet, que invirtió un total de 2,2 millones de euros en la compra de los inmuebles, era el de rehabilitar el edificio para realizar un hotel de lujo. (Más información sobre el proyecto en la página del Grupo Rayet). La crisis ecónomica, que afectó especialmente al sector de la construcción, hizo que de nuevo la Real Fábrca de Paños volviera a caer en el olvido, amenazando una ruina cada vez más inminente.

 

 

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