Antecedentes

1 de noviembre de 1700. Fallece en Madrid Carlos II, conocido por el pueblo como el hechizado. Débil, enfermizo y de escasa inteligencia, debido a los numerosos matrimonios consanguí­neos habidos dentro de la familia real, su muerte sin descendencia hace a Europa volver sus ojos hacia la nada despreciable corona de España que poseí­a también Nápoles, Sicilia, Milán, los Paí­ses Bajos Españoles y un gran imperio colonial.

Desde años atrás, cada rama de la casa de Austria cree tener un candidato al trono español. Tanto Luí­s XIV de Francia, casado con Marí­a Teresa de Austria, hermana mayor de Carlos II de España, como el emperador Leopoldo I de Habsburgo, casado con Margarita Teresa de Austria -la figura central del cuadro de Las Meninas de Velázquez-, también hermana de Carlos, alegan tener derechos de sucesión en las figuras de su nieto Philippe de Bourbon y de su hijo el Archiduque Carlos respectivamente.

Inglaterra y Holanda ven con recelo una unión en una misma casa real entre España, con sus grandes colonias en ultramar, y Francia, un paí­s lo suficientemente fuerte como para dominar Europa tras su unión con España. Por su parte Francia no admití­a la candidatura de Leopoldo I, ya que supondrí­a volver a unificar España y Austria y retroceder a la época de Carlos I, en la que quedó prácticamente aislada entre ambas potencias. Se optó por un tercer candidato, el Prí­ncipe Elector José Fernando de Baviera, de tan solo cinco años, bisnieto por ví­a materna de Felipe IV, firmándose en La Haya el Primer Tratado de Partición por el que adjudicaba a José Fernando los reinos peninsulares (exceptuando Guipúzcoa), Cerdeña, los Paí­ses Bajos españoles y las colonias americanas. Francia se quedarí­a con Guipúzcoa, Nápoles y Sicilia, y Austria con El Milanesado.

Pero José Fernando fallece en 1699, con tan solo seis años, por una varicela complicada con los ya conocidos problemas derivados de la alta consanguinidad en la casa de Austria. Esto hace tener que volver a negociar la sucesión a la corona de España, mediante el Segundo Tratado de Partición, firmado en Londres en 1700, por el cual se nombraba heredero al Archiduque Carlos de Austria, otorgándole España, los Paí­ses Bajos y las Indias; Francia se quedarí­a con Nápoles, Sicilia y Toscana; Leopoldo, duque de Lorena, recibirí­a Millán a cambio de ceder Lorena y Bar a Francia. Por su parte, Austria ambicionaba la totalidad de la herencia del monarca español, al pensar que el rey Carlos II nombrarí­a heredero universal al archiduque Carlos.

Sin embargo el rey Carlos II, inducido por sus consejeros, quienes trataban de conservar la unidad de la corona española,  testó a favor de  Philippe de Bourbon, Duque de Anjou, si bien este debí­a de renunciar a la sucesión del  trono francés.

A la muerte de Carlos II, Luis XIV de Francia aceptó el testamento del monarca en una carta dirigida a la viuda de Carlos II.

Todas las casas reales europeas, excepto Austria, reconocieron a Felipe de Borbón heredero del trono de España a donde llegó el 17 de febrero de 1701. Pero poco después de su jura como rey, Luis XIV mantuvo públicamente a su nieto en sus derechos sucesorios sobre la corona francesa, al mismo tiempo que desplazaba sus tropas dentro del territorio español de los Paí­ses Bajos. Esto hizo que Holanda e Inglaterra se comprometieran a dar el trono español al Archiduque Carlos, firmándose en La Haya en 1701 la  Segunda Gran Alianza, formada por Austria, Inglaterra, Holanda y Dinamarca, a quienes se unieron Portugal y el Ducado de Saboya en 1703. Inmediatamente declararon la guerra a Francia y España.

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