La sublevación en Guadalajara

En julio de 1936, Guadalajara es pequeña capital de provincia con una guarnición modesta. Su principal interés estratégico es el control de la carretera de Francia y la línea de ferrocarril Madrid-Barcelona.

Guadalajara. Academia de Ingenieros del Ejército (apróx. 1906)En la capital de la provincia se encuentran los cuarteles de San Carlos, una unidad de aviación, con su pequeño aeródromo cerca de la estación, algunas instalaciones que no se han cerrado de la Academia de Ingenieros, además del Colegio de Huérfanos de Guerra, situado en el Palacio del Infantado.

La guarnición de la plaza está limitada a los hombres del Regimiento de Aerostación, cuyo jefe es el coronel de Ingenieros Francisco Delgado Jiménez, y a una compañía de la Guardia Civil, al mando del teniente coronel Ricardo Ferrari, mientras que las otras dos compañías con plaza en la provincia están situadas en Sigüenza y Brihuega.

Los partidarios de la sublevación en Guadalajara crean una junta, que se va a encargar de la organización del golpe, compuesta por el comandante de ingenieros Rafael Ortiz de Zárate, miembro de la antirrepublicana Unión Militar Española, los capitanes José María Robles Núñez Arenas, Luis Javaloyes y Luis Casillas Martínez y el teniente de Infantería José Burgos Iglesias. Los capitanes Casillas y Nombela son elegidos para actuar como enlaces con las fuerzas civiles de derechas, al mando del diputado de la CEDA Félix Valenzuela de Hita, responsable de Acción Popular, y de Antonio Bastos Ansart, ambos militares retirados por la ley Azaña.

2.- Marcelino Martín del ArcoMiguel Benavides, Gobernador Civil de Guadalajara, está al corriente de la desafección al régimen de una parte de los jefes y oficiales de la guarnición, y viene informando a Madrid desde el mes de Abril sobre las actividades del coronel Delgado, los capitanes Pacios y Arroyo y del teniente Robles, ya que les considera involucrados en una posible sublevación.

En los primeros días de julio, el catedrático de Física y Química Marcelino Martín González del Arco -el que fuera primer alcalde republicano que tuvo Guadalajara y Diputado en 1931-, hombre culto y de carácter conciliador, visita el Cuartel de Aerostación en diversas ocasiones. En todas ellas recibió siempre la misma respuesta:

Las fuerzas de Guadalajara se mantendrán fieles a la República…

El día 17 de julio, Benavides cursa una orden al teniente coronel Ferrari para que la Guardia Civil extreme la protección de lugares públicos y la vigilancia de los elementos sospechosos.

La junta golpista de Guadalajara recibe la orden de esperar para sublevarse hasta contar con el apoyo de dos columnas que avanzarían hacia Madrid, una procedente de Pamplona y otra de Zaragoza.

3.- Bando de Franco declarando el estado de guerra en el Archipiélago

El día 18, al comenzar los rumores sobre la sublevación en África, el comandante Ortiz de Zárate envía al teniente Antonio Vázquez de Figueroa a la Casa del Pueblo, para informar sobre la intención de los militares de permanecer al lado del Gobierno de la República.

Ese mismo día llegan a la prisión militar de Guadalajara unos 20 o 25 jefes militares arrestados en otras provincias, entre los que se encontraban el contralmirante de la Armada Ramón Fontela Maristay (arrestado en Madrid), el general González de Lara (arrestado el día 17 en Burgos) y el general Barrera.

Por la tarde, el coronel Delgado recibe una llamada desde el Ministerio de la Guerra para conocer cuál sería su actitud frente al golpe. Delgado, favorable al golpe de estado, contesta que “él cumpliría como siempre había hecho con su deber”. Inmediatamente llama a su despacho a los oficiales que apoyaban la sublevación, y les comunica que estén dispuestos para iniciar el alzamiento en Guadalajara en cualquier momento.

4.- Cuartel de la Montaña (Madrid)El día 19, el general Fanjul proclama el estado de guerra en Madrid, y se encierra con unos 1.500 hombres en el Cuartel de la Montaña en espera de que lleguen refuerzos desde los cuarteles de Campamento, Getafe y Cuatro Vientos.

El Gobernador Civil Benavides recibe una llamada desde el Ministerio de Gobernación en la que se le informa de la presencia de fuerzas sublevadas que, por la carretera de Zaragoza, se dirigen hacia Madrid. De inmediato, se pone en contacto con el Coronel Delgado y el Teniente Coronel Ferrari, quienes le vuelven transmitir su fidelidad a República.

El coronel Delgado envía un auto con los capitanes Pacios y Arroyo para enlazar con dichas tropas, si bien el objetivo presentado a las autoridades civiles es el de detener su avance. Miembros de la Casa del Pueblo intentan cortar las carreteras de Soria y Zaragoza. El teniente Robles, con dos camionetas de soldados, sale con la intención de impedirlo e intentar contactar con las columnas sublevadas que avanzan hacia Guadalajara.

Robles regresa, pero Pacios y Arroyo, que debían llegar únicamente hasta Paredes de Sigüenza, en el límite de Guadalajara y Soria, son detenidos en Almazán. Es necesaria la intervención del Coronel Delgado ante el Gobernador Civil de Soria para que sean puestos en libertad.

5.- Coronel García EscámezEn la mañana del día 20, las noticias del levantamiento de varios cuarteles en Madrid hacen que los líderes de la izquierda se reúnan con el coronel Delgado, ya que tienen serias sospechas de que va a unirse a la sublevación. Delgado les tranquiliza y les transmite su adhesión a la República. Casi al mismo tiempo, envía otro coche para comprobar la situación de las columnas rebeldes que avanzan desde Zaragoza y Soria, ésta última comandada por el coronel García Escámez.

Durante toda la mañana se van incorporando al cuartel de Aerostación los militares de permiso. También se concentran allí un buen número de falangistas, venidos desde distintas localidades de la provincia. A las órdenes de su jefe provincial, Luis de la Guardia, y del jefe de las milicias, capitán Luis Casillas Martínez, son arengados por el jefe de Acción Popular José Arizcum y adiestrados en el manejo básico de las armas.

En la vecina Alcalá de Henares se produce la sublevación, declarándose el estado de guerra. Sobre las once de la mañana las primeras tropas salen a la calle dirigiéndose a la Plaza de Cervantes, en el centro de la localidad, haciéndose rápidamente con la ciudad y estableciendo puestos de control y defensa. Sobre las cinco de la tarde cuatro aviones procedentes de Barajas dejan caer por toda la ciudad octavillas conminando a los sublevados a la rendición y algunas bombas que no causan apenas daños.

6.- Coronel Ildefonso Puigdéngola Ponce de LeónEl coronel Puigdéngola, que se encuentra en Madrid sin destino después de cesar en el mes de mayo como inspector del Cuerpo de Seguridad, es puesto al mando una columna formada por la 43 compañía del cuerpo de Asalto (capitán Fran­cisco Hernández), un escuadrón de Caballería de Seguridad, una compañía de la Guadia Civil, dos blindados Bilbao mod. 1932 del cuerpo de Asalto, y dos baterías de artillería ligera Schneider mod. 1906, cal. 75 mm del regi­miento nº 1 de Getafe (al mando del grupo el comandante de Artillería Enrique Jurado Barrio, y en las baterías el capitán Obregón y el teniente Ferrinero), a los que se unirán una masa de milicianos, formada por unos 500 pertenecientes a CNT-FAI (Confederación Nacional del Trabajo-Federación Anarquista Ibérica) mandados por Felicia­no Benito, 400 del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) mandados por Martínez Vicente,y 400 milicianos de la UGT (Unión General de Trabajadores) con Martínez de Aragón al mando. En camiones requisados por elementos de la CNT y de la UGT, se dirigen hacia Alcalá de Henares para sofocar la rebelión, donde llegan al anochecer deteniéndose en las cercanías de la ciudad.

Esa noche, el Gobernador Civil de Guadalajara envía un telegrama solicitando el envío de tropas de refuerzo, ya que tiene la certeza de la inminente sublevación del Regimiento de Aerostación, mientras que encarga al teniente coronel Ferrari la organización de la defensa del Gobierno Civil.

Ferrari, que mantiene una actitud contemporizadora con ambos bandos, asiste a una reunión con los miembros de la junta de sublevación, en la que, tras fuertes presiones, es forzado a dar su palabra de honor de sumarse al alzamiento, si bien en un principio era de la opinión de mantenerse fiel a la República. El Comandante Ortiz de Zárate, uno de los principales instigadores del levantamiento en la ciudad, sospecha de la palabra de Ferrari y tiene intención de detenerle, pero al final le dejan marchar. Al llegar al cuartel de la Guardia Civil, Ferrari reúne a sus jefes y oficiales dándoles libertad para que cada uno actuase según su conciencia.

7.- Milicianos en las afueras de AlcaláCon las primeras luces del día 21 y antes de que las tropas de Puigdéngola inicien el ataque a Alcalá de Henares, los cuatro aviones del día anterior comienzan un intenso bombardeo sobre la ciudad, comunicando en un momento dado que se se ven banderas blancas en algunos puntos de la misma.

A mediodía, los sublevados de Alcalá de Henares, una vez conocida la caída de los cuarteles de Madrid, deciden parlamentar con Puigdéngola para negociar su rendición, pero la entrada en Alcalá se lleva a cabo de manera incontrolada y con gran desorden, produciéndose asaltos y saqueos en diversos puntos, que Puigdéngola es incapaz de detener.

8.- La Academia y Cuartel a vista de pájaro

El coche enviado por el coronel Delgado para contactar con las columnas que avanzan desde el norte regresa a media mañana del 21 con malas noticias: las tropas de refuerzo todavía están muy lejos. Esto, y el hecho de en la vecina Alcalá de Henares la rebelión haya sido sofocada, y que algunas de las fuerzas que lo han logrado se dirijan hacia Guadalajara, lleva a los rebeldes a declarar el “estado de guerra”, mediante un bando firmado por el coronel Delgado, y hacerse con la ciudad.

Los sublevados salen del cuartel de Aerostación con tres de las cinco compañías de su Regimiento, al mando de los comandantes Ortiz de Zárate y Valenzuela y de los capitanes Casillas y Javaloyes. Su propósito es hacerse con el control de la ciudad, tomando los principales edificios públicos y otros lugares destacados: Ayuntamiento, el Gobierno Civil, la Casa del Pueblo y otras dependencias menores como Teléfonos o Correos, y detener a todos los líderes de los sindicatos y partidos del Frente Popular.

9.- Ayuntamiento de Guadalajara

La primera columna, al mando del capitán Javaloyes, se dirige hacia el Gobierno Civil por la calle Mayor, tomando el Ayuntamiento, donde deja un pequeño retén, y continúa hacia la Casa del Pueblo, donde detiene a sus ocupantes, llegando al Gobierno Civil. Allí convergen con sus compañeros de las otras dos columnas que han avanzado por las Rondas de San Antonio y de San Francisco.

El ex-alcalde Marcelino Martín se dirige hacia del cuartel de Aerostación, en un nuevo intento de negociar con los militares, pero no llega a tiempo. Las tropas están en la calle.

Informado el Gobernador Benavides de que la sublevación se ha iniciado, avisa al teniente coronel Ferrari para que acuda a la defensa del Gobierno Civil, pero éste se niega alegando que en ese momento el cuartel de la Guardia Civil está recibiendo fuego por parte de los sublevados, lo que al parecer no es del todo cierto.

10.- Cárcel de Guadalajara

La toma del Gobierno Civil es rápida, ya que sólo está guardado por unos pocos policías y guardias de Asalto, que apenas oponen resistencia. La compañía de la Guardia Civil destinada para su defensa, al mando del capitán Espinel y situada en el vecino edificio de la Escuela de Trabajo, no interviene, dejando a los sublevados tomar el edificio.

Mientras tanto grupos de paisanos se presentan en el cuartel de la Guardia Civil, con el responsable de la Casa del Pueblo al frente, en busca de armas. El Teniente Coronel Ferrari, que ha recibido órdenes del Gobernador Civil para que se las facilitase, les envía a la Intervención de Armas, donde el capitán Carazo, que había asumido el mando de la Guardia civil sublevada, se las niega.

Sobre las doce y media, Ortiz de Zarate y los comandantes retirados Bastos y Palanca (Fernando Palanca Martínez fue alcalde de Guadalajara durante la dictadura de Primo de Rivera y era comandante de Ingenieros, retirado por la Ley de Azaña),entran en el Gobierno Civil deteniendo al Gobernador Benavides, al capitán de la Guardia Civil José Rubio García, al Delegado de Hacienda Miñaro y al secretario de la UGT, Gregorio Tobajas, siendo trasladados al Cuartel de San Carlos.

11.- Edificio de Correos

Rápidamente van cumpliendo sus objetivos uno tras otro, y así, son tomados el Gobierno Civil, que queda a cargo del comandante Bastos (que sería sustituido luego por el comandante Valenzuela), la Central de Teléfonos, que queda al mando del comandante Palanca, y Correos y Telégrafos, que queda bajo el mando del comandante Manuel Aguilar.

Se procede a formar patrullas de vigilancia y a emplazar defensas en el puente, el cementerio y la cárcel, a donde se dirige el propio comandante Ortiz de Zárate para poner en libertad a los partidarios de la sublevación allí detenidos. El coronel Ojeda, Gobernador de Prisiones militares, es arrestado por Ortiz de Zárate.

Los sublevados forman un Estado Mayor para la defensa de la ciudad, y nombran Gobernador Militar al Jefe del Regimiento de Aerostación, coronel Francisco Delgado, y como Gobernador Civil, al comandante retirado Félix Valenzuela, que fue sustituido posteriormente por Ángel Martín Puebla.

12 .-Alcala - El coronel Puigdéngola a la puerta del Ayuntamiento dando órdenes para que saliesen fuerzas para Guadalajara

Por parte de la población civil se suman al levantamiento más de un centenar de hombres, al mando del diputado de la CEDA Félix Valenzuela y de Antonio Bastos, ambos militares retirados por la ley Azaña, que se concentran en el Colegio de Huérfanos donde se les entrega a cada uno un fusil y 50 cartuchos.

Al enterarse el gobierno de Madrid que Guadalajara se ha sublevado, cursa ordenes a la columna del coronel Puigdéngola, que acaba de dominar Alcalá de Henares, para que se dirija hacia Guadalajara y controle la situación. En la madrugada del día 22 se realizan algunas incursiones aéreas desde los aeródromos de Alcalá.

Cerca de la una de la madrugada del día 22, el coronel Delgado consigue contactar telefónicamente con el coronel García Escámez, que se encuentra cerca de Soria, explicándole su situación, bajo continuos bombardeos de la Aviación y con la columna de Puigdéngola avanzando hacia la ciudad. García Escámez se resiste a desviarse de su objetivo, Somosierra, pero promete enviar una batería y alguna fuerza de infantería en su ayuda.

Hacia las 6 de la mañana un avión deja caer octavillas conminando a los rebeldes a la rendición, marcando como hora límite para hacerlo las 10. En caso contrario se iniciará el ataque a Guadalajara. El Coronel Delgado, como Gobernador Militar de la ciudad, ordena la defensa de la plaza para resistir el ataque de Puigdéndola, que consideraba inminente y extraordinariamente fuerte.

13.- Puente sobre el Henares

Los sublevados son unos 100 jefes y oficiales, 250 suboficiales, clases y soldados, 270 guardias civiles y de seguridad y unos 300 civiles. Poco más de 900 hombres, que cuentan con 6 ametralladores, 800 fusiles y 30.000 cartuchos, que se despliegan por la ciudad, aunque de manera poco efectiva, ya que dejan intactas las principales vías de comunicación desde Madrid: el puente sobre el Henares y la línea de ferrocarril, lo que podía permitir un acceso más fácil a Guadalajara por parte de las tropas gubernamentales.

La columna de Puigdéngola está formada ya por unos tres mil quinientos a cuatro mil hombres y cuentan con cinco Baterías de Artillería –unas veinte piezas–, tres carros blindados y el apoyo de varios aviones. Constantemente están llegando desde Madrid números grupos de milicianos dispuestos recobrar Guadalajara que van incrementando sus filas. Según cuenta el propio Mera en su Diario de Campaña:

Puede decirse de una forma que no da lugar a duda, que toda la organización confederal y específica de Madrid se descolgó a tomar parte en la toma de Guadalajara.

14.- Maestranza de Ingenieros, también conocida como Fuerte de San Francisco

Allí estaban, además de Mera y Antona, Teodoro Mora, Luzón, García Pradas y Nicasio González Inestal, entre otros. Aunque eran muy superiores en número, su efectividad dejaba mucho que desear al ser en su mayoría milicianos sin instrucción, que apenas acatan la disciplina y la autoridad militar. Sobre las dificultades que tenía en controlar a los milicianos, en su mayoría anarquistas liderados por Cipriano Mera, Puigdéngola llegó a comentar: “Indisciplina, tropelías, disgustos”. Cipriano Mera, en su Diario, describe cómo desobedeciendo la orden del mando militar de atacar por el puente del Henares, él y sus hombres se dirigen hacia el este de la ciudad para iniciar desde allí el ataque, cruzando el río Henares con ayuda de la población civil que les indicó los puntos por donde vadear el rio mejor.

Ortiz de Zárate emplazó sus hombres entre el puente del Henares y la estación; el comandante Rodrigo de la Iglesia, con otra parte de los sublevados, se dirige al edificio de la Maestranza y Parque de Ingenieros, conocido como el Fuerte; los comandantes Bastos y Valenzuela se encargan de la defensa del sector norte de la ciudad. Más tarde, el coronel Candeira organizaría la defensa de la zona del cementerio cuando los atacantes avancen por ese sector.

15.- Artillería emplazada estratégicamente por milicias y soldados 16.- El coronel Puigdéngola contemplando efectos de la artillería en edificios ocupados por los rebeldes

Puigdéngola, que había emplazado la artillería en la carretera de Madrid, ordena el bombardeo poco después de la hora señalada, mientras que la aviación republicana bombardea los edificios del cuartel de Aerostación. El avance es bastante desigual. En algunos puntos se llega a las primeras casas de Guadalajara sin apenas oposición, mientras que por la carretera de Madrid se encuentran con una fuerte resistencia en el puente sobre el Henares a cargo del Comandante Ortiz de Zárate, quien en ocasiones tuvo que hacer fuego él mismo con una ametralladora ante la fortísima presión y la escasez de personal con que contaba. Las bajas entre los atacantes comienzan a ser elevadas.

17.- Primer ataque contra los sublevados de la ciudad 19.- Fuerzas victoriosas entrando en la ciudad

En vista de estos hechos, el Coronel Puigdéngola cambia su táctica y ordena que se inicie el ataque desde la carretera que viene desde Chiloeches. De esta manera, conseguiría entrar a la ciudad desde su parte más alta y dominante, y se alcanzaría el cuartel de Aerostación y el puente del Henares desde su retaguardia. Además, según la información que habían obtenido de algunos desertores, era la zona menos guarnecida de la ciudad.

18.- Milicianos y guardias civiles 21.- Puente de entrada a la ciudad - Camión colocado por los rebeldes para dificultar el paso de las fuerzas leales

Conseguido tal objetivo, los atacantes aumentan la presión considerablemente, en vista de lo cual, Ortiz de Zárate permite abandonar la posición a aquellos de sus soldados que lo deseen, mientras él decide quedarse y seguir disparando una de las ametralladoras. Al parecer, cuando todo parecía indicar que el combate se iba a decidir a favor de las tropas de Puigdéngola, buena parte de los milicianos paralizan su ataque de pronto y sin comunicarlo a sus mandos militares.

20.- Columna de requetés en los primeros días de guerra, posiblemente la de García Escamez 21.- Puente de entrada a la ciudad interceptado por sublevados para impedir el paso de las fuerzas leales

Mientras tanto se produce un nuevo contacto telefónico con García Escámez. El comandante Palanca le urge a marchar sobre Guadalajara, ya que de no recibir refuerzo pronto, estará perdida. A pesar de sus reticencias, sobre las 3 de la tarde, García Escámez pone en marcha su columna, formada por unos 1500 hombres, con dirección Guadalajara, siendo inmediatamente hostilizada por un par de aviones que les no causarían, sin embargo, bajas de consideración.

Advertidos de la puesta en marcha de García Escámez, las tropas de Puigdéngola reinician el ataque avanzando desde la parte alta de la ciudad, y obligan a los sublevados a retroceder hasta refugiarse en distintos edificios más o menos señalados, con intención de resistir en ellos hasta que lleguen los refuerzos, si bien las municiones ya comienzan a escasear y el número de bajas es cada vez mayor.

23.- Comandante de ingenieros de las fuerzas sublevadas capturado por los milicianos (Se trata de Rafael Ortíz de Zárate) 24.- Oficial sublevado conducido prisionero

Sobre las cinco, ya sin munición, Ortiz de Zárate es hecho prisionero y fusilado casi de inmediato. La entrada desde Madrid está libre y los sublevados prepararan la defensa en el cuartel de Aerostación.

Después de un par de horas, las tropas gubernamentales vencen la resistencia y entran en el edificio donde detienen al coronel de Ingenieros Francisco Delgado Jiménez y a un centenar de jefes y oficiales, entre los que se encuentran los generales González de Lara y Barrera, el Almirante Ramón Fontela y el coronel de Infantería José Candeira, que han participado en la defensa del edificio haciendo fuego como un soldado más.

Cuando la columna de García Escámez alcanza Almazán, le informan de que los sublevados en la ciudad están a punto de caer y que sólo quedan núcleos de defensa en algunos edificios que no tardarán en rendirse. Aún así, García Escámez decide continuar hacia Guadalajara.

25.- Liberación por dos jóvenes milicianos de un soldado capturado por los sublevados 26.- La alegría de la victoria - Las fuerzas y milicias jubilosas

Caído el cuartel de Aerostación, el resto de edificios son dominados sin problemas. El último reducto de resistencia es la Maestranza. Tras su ocupación, las fuerzas republicanas se dirigen al Cuartel de la Guardia Civil donde se encuentra el Teniente Coronel Ferrari y el resto de guardias civiles que se habían inhibido de lo que estaba ocurriendo en la ciudad.

27.- Capitán de la Guardia Civil que se negó a secundar el movimiento al ser libertado por las fuerzas leales

Forzando la máquina desde Almazán, la columna García Escámez llega en la noche del 22 al 23 a Miralrío, a unos 40 Km de Guadalajara, donde detiene su avance después de controlar Jadraque, ya que resultaba demasiado peligroso continuar con la marcha durante la noche, debido a la voladura de dos puentes. La noticia de la ocupación del paso de Somosierra por los republicanos hace que García Escámez, tras volar el puente de Jadraque, retroceda para dirigirse hacia allí pasando por Almazán, donde levantan parte de la vía del ferrocarril para evitar la posible llegada de los milicianos.

Una vez dominada la ciudad por completo, son pasados por las armas los jefes y oficiales detenidos, a pesar de los intentos por impedirlo de coronel Puigdéngola y del catedrático socialista y antiguo alcalde de Guadalajara, Marcelino Martín. Son fusilados el coronel Delgado, que asumió toda la responsabilidad ante los milicianos, el contralmirante de la Armada Ramón Fontela, el general González de Lara, el coronel de Infantería José Candeira, los comandantes retirados Manuel Aguilar y Fernando Palanca, el capitán San Juan, el Gobernador Civil nombrado por los sublevados, Ángel Martín Puebla, el diputado Félix Valenzuela, el maestro católico Segundo Calvo y así hasta un centenar de jefes y oficiales.

28.- Colegio de Huérfanos donde se hicieron fuertes los sediciosos. Cadáveres de varios sublevados

Grupos de milicianos inician la detención de de los clasificados como gentes de derechas o “fascistas” y el saqueo de iglesias y otros edificios como el Colegio de Huérfanos, el Hospital Militar o el propio cuartel de Aerostación, incautándose del palacio del duque del Infantado y del de Romanones e instalando cuarteles del Frente Popular en los conventos. El incendio de la iglesia de San Ginés destruye también la Escuela de Trabajo, instalada los edificios del antiguo Hospital Militar, anejos a dicha iglesia.

Durante ese y los siguientes días del mes de Julio se llegarán a contar más de 200 fusilados entre mandos, simples soldados y paisanos.

29.- Fachada del Colegio de Huérfanos

Los restantes sublevados fueron juzgados y condenados a 30 años de cárcel. José Arizcum, Benito González Unda y Ángel Mora fueron deportados a Villacisneros. Muchos de los que cumplían su condena en la cárcel de Guadalajara moriríán en Diciembre, cuando se produjo el asalto a la prisión tras el bombardeo de la ciudad por la aviación nacional.

En vista de las informaciones recibidas sobre la caída de los rebeldes en Guadalajara, al amanecer del 23, García Escámez retrocede hacia Almazán, donde conversa telefónicamente con Mola, quien le urge a dirigirse hacia Somosierra que se encuentra en una situación muy difícil. La columna sale por la carretera de Burgo de Osma y Aranda de Duero, donde llegará al anochecer, dejando en Almazán una compañía y dos ametralladoras del batallón América, fuerzas que se verían reforzadas posteriormente con otras compañías de la falange y requetés.

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