Presentación

Brihuega vista desde la vega. Grabado de Pascó, del libro Castilla la nueva, por José Ma. Quadrado y Vicente de la Fuente.

Sin lugar a dudas, la época en la que mayor esplendor ha tenido Brihuega ha sido la edad media, periodo en durante el cual, logró cotas en la polí­tica, la economí­a y el desarrollo de la sociedad pocas veces alcanzadas.

Tras la reconquista por parte de Alfonso VII en el año 1085, y su posterior donación a  los Obispos de Toledo, Brihuega fue creciendo en  importancia hasta alcanzar su cota máxima durante el siglo XIII.

En la primavera del año 1258 tuvo lugar en Brihuega el Concilio de la provincia de Toledo, al que asistieron los obispos de Palencia, Osma, Segovia, Sigüenza y Cuenca, presidido por el arzobispo Don Sancho, Infante de Castilla y hermano de Alfonso X el Sabio.

También distintos monarcas y altos personajes residieron temporalmente en Brihuega, como Don Alfonso VIII el de Las Navas, Don Fernando III el Santo, Don Alfonso X el Sabio o San Julián, obispo de Cuenca.

El mercado y la feria de San Eugenio alcanzaron gran prestigio, gracias a los distintos privilegios que recibieron de los reyes castellanos. Gran parte de los monumentos que se conservan hoy en Brihuega fueron construidos o reformados en este siglo.

Todo esto fue gracias a los Arzobispos de Toledo, señores de Brihuega, quienes colocaron a la villa en una situación de privilegio frente a otras muchas de la provincia y de su diócesis, como Don Martí­n López de Pisuerga, que inició la ampliación del palacio-fortaleza y la construcción de las murallas.

Pero de entre todos ellos, el más destacado fue Don Rodrigo Jiménez de Rada.

Brihuega le debe la construcción de las iglesias de San Felipe y San Miguel, la conclusión de las murallas y de la iglesia de Santa Marí­a, la decoración mudéjar del Palacio-Fortaleza, cuyos únicos restos se conservan en la capilla del mismo, la anexión a Brihuega de distintas aldeas de las cercaní­as, las ferias de San Pedro y la de San Eugenio, que llegaron a estar entre las principales de toda Castilla, y por supuesto la concesión de su Fuero a Brihuega.

Como ya dijo D. Juan Catalina Garcí­a en su obra "El Fuero de Brihuega" (en la que principalmente nos hemos basado para realizar estas páginas), no pretendemos hacer un estudio legal ni literario del fuero, sino simplemente intentar deducir de su lectura, como era la vida en la Brihuega de la edad media.

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