Hechos históricos

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El castillo de Brihuega fue usado principalmente como lugar de residencia, más que como baluarte militar, especialmente durante los siglos XII al XIV.

El único hecho de armas destacable que tuvo lugar en él fue durante la guerra de Sucesión, cuando el general ingles Stanhope se encerró en su interior, con su ejército, usándolo como último baluarte defensivo ante el cerco a que se vio sometido por las tropas de Felipe V.

A lo largo de los años los Arzobispos de Toledo lo usaron como lugar de descanso y gracias a ellos, Brihuega se vio favorecida con la visita de ilustres personajes de la historia de España.

Como sabemos por la Cronica de España, en el año 1071 Alfonso VI se estableció en Brihuega con sus hombres durante los meses que vivió exiliado en la taifa de Toledo. Fácil es suponer que fijarí­a su residencia en el castillo y que, como dice Pareja Serrada, recibiera la visita del rey Al-Mamún. Esta posible visita enlazarí­a con la tradición religiosa de la villa, que nos dice que estando Elima, una de las hijas de Al-Mamún, en el castillo de Brihuega, se le apareció la Virgen sobre el barranco que circunda el castillo.

En el año 1086, tras la conquista de Toledo, Alfonso reinstauró el arzobispado de Toledo siendo elegido Bernardo de Cluny como Arzobispo, y lo dotó con distintas poblaciones, entre las que se encontraba Brihuega, pasando la villa a manos de los Arzobispos toledanos.

Nada más sobre sabemos hasta cien años después, cuando en 1194 el Arzobispo Martí­n López de Pisuerga elige Brihuega como lugar de descanso. Allí­ le visita el rey D. Alfonso VIII, el de las Navas, acompañado de la reina Doña Leonor y el Infante D. Fernando. Conocemos esta estancia de los reyes en Brihuega por un privilegio rodado firmado por el rey en "Brioga", por el que confirma el privilegio de donación de la villa de Valfermoso a favor del Monasterio de Monjas Benitas de dicha villa, confirmación que fue reiterada medio siglo después, y también en Brihuega, por D. Alfonso X, como veremos más adelante.

Debió agradarle la villa a D. Martí­n, puesto que seis años después tenemos constancia de una nueva estancia suya, esta vez acompañado de San Julián, obispo de Cuenca, ya que ambos asisten como testigos a la toma de declaración de Juan Pascasio, clérigo de Ledanca, sobre las tercias de dicha villa que recibió de los obispos de Sigüenza. Dicha declaración fue hecha

"... en Brihuega en el portal de la casa de P. Esteban... y se hizo públicamente el dí­a tercero de las nonas de Agosto (18 de agosto) en presencia de hombres de mayor valí­a y bondad, á saber: D. Martí­n Arzobispo de Toledo y primado de las Españas, Arnaldo su capellán. Juan Pérez hijo de Pedro Franco, Don Julián obispo de Cuenca, Don Dí­az, Arcediano de Alarcón,...Era de 1238 (año 1200)".

Siete años más tarde volvemos a saber del paso de D. Martin López de Pisuerga por Brihuega, de nuevo acompañado por el rey D. Alfonso VIII, gracias a una carta de venta fechada en Brihuega el 24 de Octubre de 1207, a favor del obispo de Sigüenza, también llamado Martí­n, en la que se dice que el rey estaba presente en el castillo en el momento del otorgamiento.

Tal vez fuese en esta época, a finales del siglo XII, cuando se realizaran los trabajos de ampliación del primitivo recinto, adaptándolo al uso residencial, teniendo en cuenta los ilustres visitantes que acompañaban a D. Martí­n.

Rodrigo Jiménez de RadaMuerto el Arzobispo López de Pisuerga, fue elegido para reemplazarle el que sin duda fue el Arzobispo que mas favoreció a Brihuega, D. Rodrigo Jiménez de Rada, quien también paso largas temporadas en la villa, especialmente durante los veranos.

Veamos algunos documentos, fechados en Brihuega, que atestiguan su paso por la villa: el 6 de julio de 1224, D. Rodrigo Jiménez de Rada firma una carta de "composición" entre él mismo y D. Pedro de Ovares, en presencia de todo el Cabildo General de Castilla.

Cuatro años después, el 6 de julio de 1228 firma un convenio con el comendador de la Orden de San Juan, sobre los diezmos las iglesias de Santo Domingo de Guadalajara, San Juan de Brihuega, Sta. Cruz de Toledo y la de Talavera.

En Septiembre de 1232 D. Rodrigo, como señor de Talamanca, firma en Brihuega un pacto foral con los vecinos de Cobeña.

En junio de 1234 firma también en Brihuega un convenio con el Comendador de la Orden de Santiago sobre los diezmos de varias iglesias del arzobispado.

Fernando III el Santo, rey de Castilla y LeónTambién D. Rodrigo invitaba y recibí­a en Brihuega a personajes ilustres, como su antecesor D. Martí­n. Sabemos de la estancia de Fernando III el Santo en Brihuega, por la firma de un privilegio confirmando una donación hecha por su padre, D. Alfonso IX de León, a los obispos de Sigüenza, fechada en Brihuega el 18 de Agosto de 1234.

En 1245, el 8 de octubre, se firmó una carta fechada en Brihuega, ante el Arzobispo, por la que Dña. Marí­a Ibáñez reconoce que debe a su tí­o, D. Rodrigo, la cantidad de 300 maravedí­s.

Sucedió a D. Rodrigo en el Arzobispado de Toledo D. Juan de Medina, quien, a pesar de que apenas ocupó el cargo durante un año, también debió pasar alguna temporada en Brihuega, ya que en su testamento fechado en 1248, disponí­a que se enviaran a la catedral de Toledo tres capas, una de uso y dos que tení­a "apud Briocam" (en Brihuega).

En el año 1252 un nuevo Arzobispo, el Infante D. Sancho, Canciller de Castilla, pasa por Brihuega. El 24 de agosto firmó una Carta de Donación a favor de Juan de Viudarre fechada así­: "Datum Brio xxiiii dic Augusti Era M.CCLXXXX".

Cuatro años después, en 1256, nos encontramos de nuevo a D. Sancho en Brihuega, y de nuevo la estancia de un Arzobispo en Brihuega motiva la visita de un rey a la villa. En esta ocasión es su hermano D. Alfonso X el Sabio, quien pasa unos dí­as en Brihuega durante los meses de mayo y junio, junto con la reina Dña. Violante y el infante D. Fernando, en los que sin duda alternó el descanso en la villa, con las tareas de Gobierno.

Así­, el dí­a 18 de mayo firma un documento por el que se eximí­a a los canónigos y clérigos de la catedral de Toledo de algunos impuestos:

"Privilegio sea ffirme et estable. Mandelo sellar comio secllo de plomo. Ffecha la carta en Brivega por mandado del Rey XVIIII dí­as andados del mes de Mayo. En Era de mil et doszientos et seosaenta et quatro annos (1256)".

Unos dí­as más tarde, el 23 de mayo, Alfonso X, a petición de su hermano el Arzobispo D. Sancho, otorgó una carta-privilegio para que cuando muriese un Arzobispo, quedasen a salvo todas sus cosas en poder del cabildo, guardándolas para el sucesor en la mitra. El 6 de junio D. Alfonso confirma en Brihuega la donación de Valfermoso al Monasterio de Monjas Benitas realizada por D. Alfonso VIII, y la de Fernando III al obispo de Sigüenza citadas anteriormente. El dí­a 10, junto con su hermano el D. Sancho, el rey firma la donación del castillo y villa de Matrera a la orden de Calatrava. El 14 confirma el cambio hecho en 1181 en Ayllón por su bisabuelo con el Obispo de Sigüenza, D. Alderico, de la aldea de Cinco Yugos por la casa de Murel y también confirma la donación hecha por su abuelo al monasterio de Ovila. El 15 D. Sancho dio privilegio alzando a sus vasallos de Alcalá del tributo de la fonsadera y otros impuestos.

Dos años después, el 7 de abril de 1258, se celebra en Brihuega la clausura del Concilio Provincial, tal y como acordaron en Alcalá de Henares el 18 de febrero de 1256, el Arzobispo Infante D. Sancho, y los obispos de Palencia, Osma, Segovia, Sigüenza y Cuenca. Este acuerdo fijó la celebración de dos concilios provinciales anuales, alternativamente en Alcalá de Henares, Buitrago y Brihuega. El 23 de julio de ese mismo año, D. Sancho firma una dispensa a los clérigos de la catedral de Toledo de pagarle luctuosa (impuesto pagado a su muerte) "Datam Briocae XXIII die Julie era MCC. Nonagésima sexta."

En 1267 Alfonso X vuelve a visitar Brihuega, donde firma algún documento más en el mes de marzo. Tal vez en alguna de estas visitas Alfonso conociera a Bernardo de Brihuega, quien fuera canónigo de Sevilla y su capellán real, y que redactó por orden del rey varios libros sobre la vida de los santos.

Pocos años después otro Arzobispo de sangre real, el infante D. Sancho de Aragón, hijo de Jaime I el Conquistador, firmó en Brihuega un documento por el que se daba licencia a los monjes benedictinos de Sopetrán para pedir limosnas, con el objeto de erigir una iglesia para su monasterio junto a Hita.

En 1302, el 4 de marzo, el Arzobispo D. Gonzalo Dí­az Palomeque firma en Brihuega un acuerdo con D. Pascual, obispo de Cuenca, sobre ciertos bienes y rentas que disputaban. Actuó como árbitro D. Simón, obispo de Sigüenza, dando fe del documento Domingo Ruiz, escribano de Brihuega.

Aunque no existe constancia documental de que el sucesor de D. Gonzalo, D. Gutierre Gomez de Toledo, visitara Brihuega, si existe un documento de interés relacionado con el castillo, fechado el 20 de junio de 1311 en el que aparece en sello del concejo de Brihuega. Este documento es la escritura de vasallaje firmada por la villa de Brihuega a favor de D. Gutierre, por la que el concejo se compromete a ir en su ayuda y servicio contra sus enemigos. Este documento, que se conservaba en la catedral de Toledo, llevaba un sello en el que por una cara se encontraba una imagen de la Virgen sentada con el niño en brazos, tal vez la Virgen de la Peña, con una orla incompleta que decí­a: "... dominus tecum benedicta Tu", y en su reverso un castillo con tres torres, la central más alta y más gruesa con 4 ventanas, y las laterales con dos, y entre la torre mayor y cada una de las laterales un báculo levantado y la orla también incompleta "sigillum concilii".

El siglo XIV nos trae dos documentos importantes para la historia del Castillo. En ambos casos se menciona la capilla del castillo como lugar de ceremonias de los Arzobispos de Toledo. El primero de los documentos está fechado el 12 de Junio de 1322, y por él, D. Juan, Infante de Aragón y Arzobispo de Toledo, aprueba la elección del Maestro Aparicio, arcipreste de Atienza, para el obispado de Segorbe, realizándose la ceremonia:

«En el Alcázar de Brivega en el altar do Sant lago y fueron testigos D. Miguel Vicario de Brivega, Miguel Domí­nguez et Pedro Martí­nez clérigos de Sant Johan, et Johan Martí­nez clérigo de Sancta Marí­a, et D. Marcos, et P. abbat clérigos déla Eglesia de Sant Phellipe, Johan Degdas et Johan diaz et Don Salvador, et Gil martinez clérigos déla Eglesia d Sant Miguel. et D. Marcos et ferrand garzia clérigos déla Eglesia de Sant Pedro. D. Pedro Martí­nez Alcayat (Alcalde ó tal vez alcaide del Castillo).»

El segundo documento es del 11 de noviembre de 1341 y es una carta de obediencia otorgada por el Obispo electo de Sigüenza, D. Pedro, a favor del Arzobispo de Toledo, D. Gil de Albornoz:

"Actum est hoc apud Briocaham Toletane Diocesis super altare quod est in capella palacij Archipiscopalis iij, idus Novembris. Anno Domini millesimo trecentesimo quadragesimo primo"

En Junio de 1390 otro rey, Juan I de Castilla, llega a Brihuega invitado por el Arzobispo D. Pedro Tenorio, donde permanece por dos meses reponiéndose de la derrota de Aljubarrota, que supuso la pérdida de Portugal. Juan I llega a Brihuega después de haber celebrado Cortes en Guadalajara, donde intentó renunciar a la corona.

Durante su estancia en Brihuega recibió embajadas de los reyes de Granada, que solicitaron una prórroga de los convenios entre ambos reinos, y a los embajadores del Maestre de Aví­s, recién proclamado en las Cortes de Coí­mbra como Juan I, rey de Portugal. Al frente de esta delegación portuguesa se encontraba el prior de San Juan de Jerusalén, D. ílvaro Pérez Carmelo, y tras las negociaciones se firmaron con Portugal unas treguas por seis años.

"Otro si desque el Rey ovo fechas esta Cortes en Guadalajara fue para un logar que dicen bribega que es del arzobispo de Toledo que es buen logar de verano e era ya en junio deste año sobre dicho e estando allí­ vinieron á el mensageros del maestre davis que se llamaba rey de portogal e eran don Aluar perez tamello prior del hospital de Sant Joan en portogal e firmó con el rey treguas de los seis años que eran tratados conellos e juró el rey las dichas treguas e partió dende el otro prior o tornose para portogal" – Carvajal, Crónica de Don Juan I

Todo este tiempo que el rey permaneció en Brihuega, probablemente lo harí­a en compañí­a de la corte y de los embajadores del rey de Navarra, ya que un poco más adelante dice:

esctaveraexteriorEntramos en otro perí­odo de cerca de cien años sin referencias documentales sobre el castillo de Brihuega, hasta que en la primavera de 1503, Fr. Francisco Jiménez de Cisneros, el Cardenal Cisneros, después de pasar una temporada en Alcalá de Henares acompañando a la reina decide ir a descansar a Brihuega cuando su majestad partió hacia Madrid. Desgraciadamente tanto el Cardenal Cisneros como alguno de sus familiares y acompañantes cayeron enfermos de fiebres y en cuanto se repuso marchó a Santorcaz.

Tras renunciar a la presidencia del Consejo de Castilla, el Cardenal y Arzobispo D. Juan de Tavera estuvo en Brihuega en los meses de agosto y septiembre de 1539. Allí­ permaneció y tuvo que recibir al menos dos correos del rey invitándole a regresar a Madrid, para que dejase Brihuega. Nos quedan de su estancia las obras que por orden suya se realizaron en San Felipe y Santa Maria donde podemos encontrar su escudo en la tribuna del coro y en la puerta del muro oeste.

Luego que el Cardenal se vio libre de la presidencia del Consojo de Castilla, como tanto hauia procurado y desseado, salió a visitar el Arzobispado. Llegó hasta lo vltimo que es Brihuega por donde confina co el Obispado de Sigüenza. Esta villa es de las primeras cosas que el rey Don Alonso que ganó á Toledo, dio al Arcobispo Don Bernardo el primero .... Allí­ en Brihuega estuuo el Cardenal los meses de Agosto y Setiembre del año treinta y nueve y tuuo un Correo de el Emperador desde Madrid co el que le llamaua. Suplicole se sirviesse dexarle estar y entender en aquella visita. Envióle el Emperador segundo Correo rogándole se fuesse para él por la mucha necessidad que tenia de su persona...." Salazar y Mendoza.- Crónica del Cardenal Tavera.

Tenemos una descripción completa del castillo de Brihuega en una estadí­stica mandada hacer por Felipe II en el año 1582:

Castillo de Brihuega.- Esta fortaleza y alcázar era grande y de importancia, confinante con tierras de los Duque del Infantado y Medinaceli. No tenia bastimentos ni más gente que tres o cuatro servidores del alcaide, que era Antonio de Torres, hidalgo natural y regidor de Guadalajara donde tení­a asiento y hacienda.- Fue gobernador de la villa y su tierra hasta que muerto el Cardenal Cisneros, le destituyó el cabildo.- Según la calidad del edificio necesitaba para velarse cuatro estancias de tres hombres, que eran doce, y no velándose bastarí­an cuatro o cinco con el alcaide.- Su armamento era el siguiente: 11 ballestas, tres de garrucha u ocho de pie; 8 espingardas y tres espingardones; 2 ribadoquines y un tirilo pequeño de hierro; 55 docenas de almacén; 40 lanzas y cinco lanzones; 2 paveses bien aderezados; 2 casquetes. Ninguna munición.-

Un hecho importante para la historia de Brihuega fue la desmembración de la villa del patrimonio de los arzobispos de Toledo que se realizó durante este siglo XVI. Brihuega fue incorporada a la corona e inmediatamente cedida al Prí­ncipe de Salerno como pago de las deudas que el rey tení­a con él, quien trato de vender la villa a D. Garcia de Alvarado. Enterados en Brihuega de esta operación, cursaron una solicitud al rey el 22 de Marzo de 1585 para que no la apartasen del dominio real. Entre los ofrecimientos que realizó la villa se dice: "que la casa y fortaleza, harí­a los nombramientos de sus alcaides como antes hací­an los Arzobispos", lo que, para Pareja Serrada, parece indicar que existí­a una parte destinada a residencia de los arzobispos y una parte militar.

En 1585 el rey Felipe II emprende viaje a Monzón, pasando por la provincia de Guadalajara. Casi al anochecer del dí­a 4 de febrero, D. Felipe llega a Brihuega y se hospeda en el castillo con la reina, las infantas y el prí­ncipe heredero. Uno de los miembros de su escolta, Henrique Cock, nos describe así­ el castillo de Brihuega en la relación que hizo del viaje:

Al medio della hay un castillo que de muy antigüo comienza a caer y dice que este fue reparado de Alfonso VI que ganó a Toledo, y se muestra en él un oratorio en una capilla redonda donde su real asiento está labrado en la misma pared, de mucha antiguidad y simpleza destos tiempos. En dicho palacio hay una sala y una huerta si cultivar que se solí­a llamar el Paraí­so. Desta huerta se ven los montes y olivares que están al mediodí­a de la villa.

El 13 de mayo de 1585 se envió desde Barcelona una real cedula al alcalde mayor, justicias y hombres bueno de la villa para notificar el cambio de jurisdicción del señorí­o, que pasaba a formar parte de los bienes de la corona. Fue nombrado el Doctor Hernando de Salazar para qué tomase posesión de la villa, de sus rentas, de su jurisdicción y de su fortaleza en nombre del Rey. Así­ se hizo durante el mes de agosto, encontrándose en el castillo algunas armas y pertrechos (probablemente los mismos relacionados en el año 1582), llevándose también dos arcas con privilegios y documentos antiguos que, desgraciadamente, desaparecieron.

La función residencial del castillo de Brihuega va decayendo a la par de su deterioro. Así­ llegamos al siglo XVII en el que se le da un nuevo destino, el de cárcel de estado.

En Febrero de 1604, Dña. Mencí­a de la Cerda, hija del conde de Chinchón y Marquesa viuda del Valle (viuda de un nieto de Hernan Cortes) es apresada por orden de Felipe III y enviada al castillo de Santorcaz desde donde, poco después, es trasladada a Brihuega, junto con su sobrina Dña. Ana de Mendoza, a quien acompañó su madre, dada su edad.

Trasladadas en Abril de ese año al castillo de Simancas, visitaban la cercana iglesia de Santa Marí­a donde dejaron un rico frontal bordado en oro y plata.

Dos años después no encontramos un nuevo preso en Brihuega. En Diciembre de 1606 D. Alonso Ramí­rez de Prado, del Consejo Real y de Hacienda, fue detenido acusado de enriquecerse de modo poco legal y conducido a Brihuega, donde pasó el invierno, siendo trasladado a primeros de Abril de 1607 a Uceda.

Curiosamente, en febrero de ese año, Brihuega habí­a vuelto a mano de los Arzobispos de Toledo mediante cedula fechada el 26 de febrero, a pesar de lo cual el castillo, anterior residencia arzobispal, seguí­a siendo usado puntualmente como cárcel.

En el mes de Abril, el Arzobispo D. Bernardo de Sandoval y Rojas estuvo de vista en Brihuega hasta el mes de Agosto.

También estuvo preso en el castillo de Brihuega D. Jaime de Cárdenas, hermano del Duque de Maqueda, por una pelea en la que participo con el resultado de varios muertos y heridos en Noviembre 1609.

En septiembre de 1653 el arzobispo D. Baltasar Moscoso y Sandoval llega a Brihuega en visita pastoral, acompañado del Obispo de Osma, D. Juan de Palafox.

El avanzado estado de deterioro en que se encontraba el castillo, hizo que se le preparara otro alojamiento, si bien el prefirió alojarse en el castillo, donde ordenó realizar varias distintas obras de reparación del mismo, así­ como la construcción de una fuente en el patio del castillo (probablemente la que se encontraba junto al arco de la Guí­a).

Como decimos en esta visita le acompañaba el obispo de Osma, quien sabemos que otorgo su testamento en el castillo de Brihuega ante Francisco Guerra, escribano del Ayuntamiento.

Durante su visita D. Baltasar se preocupó de realizar una serie de obras y mejoras en las iglesias de la villa, así­ como de proveer a los tres conventos existentes y dar nueva administración al Colegio de Gramáticos. Es en una de esas obras, cuando al derribar un viejo muro en la parroquia de San Juan, aparecieron unas piedras con figuras esculpidas vestidas a lo romano.

Después de marchar el obispo de Osma, recibió al Obispo de Sigüenza, D. Bartolomé de Risoba, que se instaló por dos o tres dí­as con él en el castillo. El 6 de octubre dio por finalizada su visita, marchando hacia Hita.

Después de esto, el castillo cayó en estado de abandono, desplomándose el ala este, junto al camino de S. Pedro.

Cincuenta años más tarde, en su visita pastoral de 1707, el arzobispo D. Luis Fernandez de Portocarrero ya no se hospeda en el castillo.

James Stanhope, primer conde de StanhopeY así­ llegamos al único acontecimiento bélico de importancia que tuvo lugar en el castillo de Brihuega. En diciembre de 1710, en plena guerra de sucesión por la corona de España, las tropas del Archiduque Carlos se retiran hacia Aragón, perseguidas por el duque de Vendí´me. El propio rey Felipe parte de Madrid en la madrugada del dí­a 5 de diciembre llegando el 6 a Guadalajara, donde se reúne con las tropas de Vendí´me. Las tropas del rey descubren que los ingleses de Stanhope están muy distanciados del resto de los aliados, por lo que el marqués de Valdecañas, fuerza la marcha durante la noche y adelanta a la caballerí­a del general Bracamonte y a los voluntarios del coronel Vallejo, quienes cruzando por Valdesaz, toman los puentes y pasos cercanos a Brihuega, cortando el paso a Stanhope, quien se encierra dentro de los muros de Brihuega.

Al amanecer del dí­a 8 se inicia el bombardeo a Brihuega y los distintos intentos de asaltar la villa, pero no será hasta el dí­a siguiente cuando las tropas borbónicas consigan entrar en el pueblo. El combate dura hasta primeras horas de la noche y fue preciso tomar una por una cada una de las barricadas montadas por los ingleses, que van retrocediendo lentamente hacia el castillo.

Una vez encerrados los ingleses dentro del recito del castillo, son emplazados de nuevo a rendirse, sin recibir contestación. Ya de madrugada, y tras amenazar a Stanhope con pasar a cuchillo a todos sus hombres si no se rinde en una hora, el inglés capitula ante el ejercito de Felipe V, entregando sus 8 batallones y 8 escuadrones, a los generales Hill y Carpentier, dos mariscales de campo, dos brigadieres, varios coroneles, 5.000 soldados ingleses, un batallón holandés, otro portugués, 18 estandartes y gran número de pertrechos de guerra. Han tenido cerca de 500 bajas y el doble de heridos.

El 18 de noviembre de 1771 la villa vuelve a pasar definitivamente a jurisdicción real. El Licenciado D. Benito Puente, enviado real, partió de las casas consistoriales hacia Santa Maria, donde fue recibido por el párroco y se oyó una salve, tras lo cual, subió la comitiva al castillo, recogiendo las llaves del mismo de manos del hermano del alcaide, Francisco de Brihuega, que no asistió al acto.

En el siglo XIX, durante la guerra de la Independencia, sirvió de cuartel a las tropas francesas y fue el general Hugo, gobernador militar de la provincia, quien ordenó construir el arco de la Guí­a, para facilitar la entrada de las tropas al recinto.

Este uso militar por los franceses fue lo que causo la definitiva ruina, y casi total destrucción del castillo, ya que en julio de 1812, el Teniente Coronel D. Julián Sardina ordenó demoler los fortines construidos en el cerro de la horca por los franceses, así­ como cualquier y otras defensa que hubieran construido en la población. Según se cuenta, fue entonces cuando un sargento de artillerí­a, excediéndose o mal entendiendo la orden de sus susperiores, prendió fuego al castillo quedando casi destruido.

Entre los años 1832 y 1845 es destinado a cementerio, después de que el municipio solicitara su cesión para la instalar el hospital de la villa en una parte de sus dependencias:

Ilmo. Señor: El Sr. Secretario del despacho de Estado me dice en 20 de Julio último lo que sigue: La Hermandad del Hospital de la villa de Brihuega, después de manifestar los perjuicios que ha sufrido aquel vecindario desde que se cerraron aquellas Reales Fábricas de tejidos, quedando sin ocupación una multitud de operarios que en los trabajos de aquellas cifraban la subsistencia de sus familias; las enfermedades consiguientes a la miseria y la corta capacidad y ventilación del Hospital, y su mala situación en el centro del pueblo, mal de grave trascendencia si por desgracia apareciese el cólera morbo, solicita se le ceda para hospital el edificio extramuros llamado la Fortaleza pues aunque sólo existen las fuertes paredes que le circundan, podrí­an construirse allí­ por de pronto dos salas capaces y ventiladas; que ese edificio no tiene hoy mas uso que servir para los juegos permitidos de bolos y pelota; que se tiene como finca de propios, á los que rinde mil reales al año, de los cuales corresponden doscientos a la Real Caja de Amortización y que el Ayuntamietno y el pueblo le cederí­an gustosamente.= Lo que de Real orden traslado á V.I. para que informe lo que se le ofrezca y parezca.- Dios gue. á V.I. m.o años.- Madrid veinte de Agosto de mil ochocientos trienta y dos.- Ballesteros.- Sr. Director general de Propios.

Esta solicitud fue desestimada mediante el siguiente informe:

Excmo. Sr.: Coformándose la Reyna Nuestra Señora con lo expuesto por el Director general de Propios en seis de Noviembre próximo pasado acerca de una instancia del Sr. Secretario del Despacho de Estado en veinte de Julio último, en que la Hermandad del Hospital de la Villa de Brihuega solicita se le conceda el edificio titulado la Fortaleza, extramuros de la misma á fin de habilitar dos salas para enfermos; ha tenido á bien S.M. desestimar dicha pretensión.- De Real orden lo digo á V.E. para los efectos correspondientes.- .- Dios gue. á V.E. m.o añ.s Madrid treinta y uno de Diciembre de mil ochocientos treinta y dos.- V.E.P.- Sr. Secretario del Despacho del Fomento general del Reyno.

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