Decoración mural

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Como ya hemos mencionado en el capí­tulo anterior, encontramos en la capilla del castillo de Brihuega restos de un zócalo de decoración mudéjar, hoy restaurado en buena parte.

Dicho zócalo está formado por una serie de compartimentos, separados por las columnas del ábside, en los que aparecen distintos dibujos geométricos, creados a base de lí­neas rectas y curvas que forman polí­gonos estrellados, encontrándose también algún resto de motivo vegetal y animal, como es el dibujo de un pez.

Castillo de la Peña BermejaEsta decoración mural de la capilla, que ha llegado hasta nuestros dí­as en un relativo buen estado por encontrarse en un recinto techado y protegido de la intemperie, y por haber estado recubiertas por un blanqueo de cal durante muchos años, parece que no fue única, sino que la mayor parte de las estancias del castillo estuvieron decoradas con pinturas similares, pudiendo apreciarse hoy en dí­a algún mí­nimo resto en una de las ventanas de la nave norte, en bastante mal estado de conservación.

D. Juan Catalina Garcia, cronista provincial de Guadalajara desde 1885, nos dejó en varias de sus obras, testimonio de la existencia de este tipo de decoración en distintas zonas del castillo, como en el "Catálogo monumental de la provincia de Guadalajara":

"Quitada en muchas partes del interior la costra de enlucidos sucesivos, aparece el zócalo adornado de rojas tracerí­as mudéjares sobre una especie de estuco blanco. No me atrevo a señalar la época, pero sí­ es cierto que muchas de las habitaciones del alcázar tuvieron el mismo ornato mudéjar que no trascendió a la arquitectura"

Fue precisamente D. Juan Catalina quien dio a conocer el descubrimiento de otro zócalo de pinturas en unas habitaciones, destruidas hace muchos años, que estaban situadas al pie del torreón de la capilla, en el cementerio bajo. Allí­ encontró, tras derribar un muro construido por delante del primitivo, otro zócalo en ángulo, de unos dos metros de largo por uno de alto, que contení­a en cuatro compartimentos rodeados por una tracerí­a más complicada que la de la capilla, varias figuras de músicos, una dama y una cigüeña con un pez en el pico.

Torre de Hécules (Segovia). Pinturas mudéjares similares a las descritas por D.Juan Catalina García

Este hallazgo fue documentado muy brevemente en su artí­culo "Pinturas murales recientemente descubiertas", publicado en 1868 en el Arte en España, tomo VII, págs. 48 y 49, que a continuación reproducimos:

Pinturas murales recientemente descubiertas

En el antiguo castillo de Brihuega, villa importante de la Alcarria, á cuyas puertas se dio la célebre batalla de Villaviciosa, último lance de la guerra de Sucesión, acaban de descubrirse algunas pinturas murales que ofrecen bastante interés.

Aun cuando en mal estado esta fortaleza, y sirviendo hoy de cementerio, se conservan en pié todos sus muros principales, interiores y exteriores y del examen de ellos puede resultar la afirmación de que todas, ó la mayor parte de las habitaciones han sido pintadas.

De mayor interés y antigüedad entre ellas es la que existió en el ángulo de la izquierda del cementerio bajo, apoyada en la torre del Homenaje, y en la cual, derribada una mamposterí­a, se halló un zócalo en ángulo, de unas tres varas de longitud total, adornado de curiosas pinturas. Estaban estas divididas en cuatro compartimientos, ocupado el primero por dos figuras humanas al parecer músicos; el segundo con una linda tracerí­a arabesca; el tercero presenta una cigüeña con un pez en el pico, y el último es igual al segundo. El color empleado para el fondo es rojo, las figuras son blancas, y el todo está recamado por dos cenefas de adornos imitando toscamente una serie de SS. La pintura está dada al temple y sobre una capa de bastante buen estuco, separada del muro por otra de cal, fue imposible hacer la segregación deseada para la traslación del monumento á esta corte, y con gran sentimiento mí­o quedó expuesto al aire libre, aunque encomendado á personas celosas.

A juzgar por los trajes y por el gusto artí­stico del castillo, no creo sea aventurado hacer subir esta pintura á fines del siglo XIV. Es su estilo el mudéjar, revelado en las tracerí­as puramente árabes que adornan dos de los cuatro compartimientos.

En este mismo género, y sin duda á imitación de dicho monumento, se pintaron las tracerí­as (de puro estilo árabe casi todas) que adornan los zócalos de muchas habitaciones, incluso el salón de la gran torre. Es este de figura semielí­ptica; columnas adosadas en sus muros y rematadas en capiteles góticos hábil y graciosamente dibujados, los cuales sostienen las fuertes herraduras de la bóveda que convergen en un sencillí­simo rosetón : por encima de una cornisita de aristas angulares que corre á dos metros de altura, se ven (y en los desconchados que ha sufrido el blanqueo que posteriormente cubrió el salón) trazos dorados de cuya intención artí­stica no pude cerciorarme por no haber tenido tiempo sino para descubrir á la ligera todos estos restos pictóricos. El zócalo es de negra tracerí­a árabe, diversa en los diferentes muros. En otras habitaciones he visto adornos remedando pinas, rosetoncillos y cenefas de diferentes colores, aunque empleados de peor manera.

El último piso de esta torre, hoy destruido casi por completo hasta en sus paredes, de las que sólo resta la puerta, también estuvo pintado y aún conserva un medio grifo al cual la intemperie ha respetado hasta hoy. Cuando estaba á punto de salir de aquella población, supe que debí­a haber restos pintados, si bien cubiertos por el blanqueo, en los dos muros en que se apoyan las galerí­as del cementerio bajo.

Este tipo de pinturas, en forma de polí­gonos estrellados, se pueden encontrar en lugares tan dispersos como la Mezquita de Córdoba, las ruinas del Castillejo de Monteagudo en Murcia, o más próximas, en el Cristo de la Luz y el palacio de la Galiana en Toledo, la Torre de Hércules y el Alcázar en Segovia o en el convento de Santa Clara de Tordesillas.

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