Fases de construcción

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La evolución arquitectónica del castillo de Brihuega estuvo condicionada principalmente por la adaptación de una construcción militar a una función residencial a lo largo de distintas fases.

Si aceptamos la tesis de la existencia de un primitivo recinto islámico, no hay duda de que estaba emplazado en un lugar de indiscutible valor estratégico: una peña sobre el valle del Tajuña, limitada al este por el barranco de un arroyo que baja al Tajuña desde el norte, atravesando la villa. Esta situación ofrecí­a al mismo tiempo un lugar propicio para el asentamiento de una pequeña población, cobijada en la bajada hacia el valle, bajo la protección del castillo.

Según Margarita Merlos, en la estructura del castillo de Brihuega encontramos dos elementos tí­picos en las construcciones del Alto Tajo en los siglos de dominio islámico, entre el IX y el XI: el patio y la torre. Además comparte con la alcazaba de Cuenca un elemento más, como es la existencia de pequeñas torres de refuerzo que flanquean la muralla del recinto.

El núcleo original del castillo es casi cuadrangular, adaptándose su contorno a la orografí­a de la peña donde se asienta, que le serví­a de defensa natural hacia el sur. Su construcción se realiza directamente sobre la roca, sin ninguna cimentación. Los muros, de unos dos metros de grosor, se construyen casi como una prolongación de la roca hacia arriba, iniciándose con algunas hiladas formadas por paredes paralelas que se rellenan de mamposterí­a, y que sirven para nivelar las irregularidades de la roca. El material empleado es el sillarejo, reservándose el sillar, mejor o peor trabajado, para las aristas y esquinas. Las dimensiones del patio, simplificando la forma, serí­an de unos 29 por 40,5 m. y se corresponde con la zona del cementerio alto.

El elemento más difí­cil de identificar hoy en dí­a es la torre, debido a las grandes modificaciones que el castillo ha sufrido a lo largo de los siglos. Merlos la sitúa al Este del recinto, en la zona de las capillas del cementerio alto. Mide aproximadamente 20 m. por 10 y su orientación es norte-sur. Su lado Norte quedó oculto por la posterior ampliación que se hizo en época cristiana, al añadir la nave que alberga la capilla del castillo. El lado Oeste corresponde con la pared interior que linda con el patio del cementerio alto, mientras que sus lados Este y Sur dan al exterior, sobre el cementerio bajo, donde podemos apreciar restos de vanos, cegados actualmente.

Como ya hemos comentado también existen vestigios de lo que, en su dí­a, pudieron ser dos torres defensivas que apenas sobresalen metro y medio del muro del castillo. Están situadas al Suroeste (junto a la puerta de la Veracruz) y al Noroeste del recinto (en la entrada del cementerio), es decir, próximas a los ángulos del perí­metro. La situación de estas torres es similar a otras edificaciones militares del Islam en España, con torres distribuidas en las esquinas y centro de los lados.

En cuanto al alzado del recinto primitivo, el paso del tiempo y las sucesivas transformaciones sufridas por el recinto originario, hacen muy difí­cil el poder afirmar nada con seguridad, pero examinando los restos que aún permanecen en pie, todo parece indicar que torre principal estarí­a construida al menos con dos alturas y el resto del patio a una sola altura.

La entrada original a este recinto es prácticamente imposible de situar, pero dado el desnivel entre la base de la torre y el suelo firme, todo hace suponer que serí­a un acceso elevado, lo que insiste en el carácter eminentemente militar de la construcción, donde las cualidades defensivas se imponen sobre la habitabilidad del recinto. Este tipo de acceso tiene su origen en épocas premedievales y aparece en estructuras militares islámicas de la Marca Media tan emblemáticas como el Castillo de Gormaz.

Una primera fase de ampliación de este primitivo recinto fue la realizada en la zona norte, con la construcción de la nave que actualmente ocupa la capilla de la Vera Cruz en su piso bajo. Mide aproximadamente unos 60 por 8 metros y su construcción se realizó con un mí­nimo de tres alturas, lo que afianza la idea de ser una construcción posterior al núcleo central, ya que mientras que este núcleo se asienta sobre la roca viva, ésta nueva nave arranca desde un nivel más bajo, dando lugar a una planta por debajo del nivel de la roca.

Esta planta baja, donde se encuentra actualmente la capilla de la Vera Cruz, constaba de una única nave con bóveda de medio punto y de una zona a dos alturas situada justo debajo de la capilla del castillo. Algunos autores apuntan su uso como caballerizas del castillo y zona de servidumbre.

La planta inmediatamente superior a ésta estuvo ocupada por la capilla y algunos salones de los que penas queda nada actualmente.

Por encima de esta segundo nivel, habrí­a una tercera altura, hoy desaparecida, de la que podemos ver en los muros de su perí­metro el arranque de los arcos que sustentaban su techumbre.

La fecha de realización de esta ampliación se desconoce, pero viendo el estilo de la bóveda de medio cañón de la Veracruz, y principalmente, el de la capilla podrí­amos situarla a finales del siglo XII o principios del XIII, tal vez en la época del arzobispo D. Martí­n López de Pisuerga o de D. Rodrigo Jiménez de Rada, ya que ambos visitaron frecuentemente la villa.

Una segunda fase de ampliación se llevó a cabo en la zona sureste del castillo (el actual cementerio bajo, sobre el camino del Molinillo). En esa zona, para igualar el desnivel existente entre el suelo y la roca donde se asienta el núcleo primitivo del castillo y la iglesia de Santa Marí­a, se construyó un muro de contención que supera los 17 metros de altura en su zona sur, donde se levantan tres cubos semicirculares, y que, una vez relleno, dio lugar a un espacio donde se realizaron nuevas edificaciones y un espacio ajardinados. Las marcas de cantero existentes en este muro coinciden en parte con las existentes en el arco de Cozagón, por lo que podemos datarlo en el siglo XIII.

De las edificaciones allí­ levantadas nada ha llegado a nuestros dí­as, pudiendo encontrar tan sólo el arranque de unos arcos ojivales en la zona del muro exterior cercana a torreón de la capilla.

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En el año 1868, D. Juan Catalina Garcí­a publicó un artí­culo en "El Arte en España" sobre unos restos de decoración mudéjar que habí­a descubierto en un muro existente bajo el torreón de la capilla, sin duda restos de alguna habitación principal allí­ levantada. Estos restos de pinturas, sobre los que hablaremos más adelante, eran semejantes a los que se encontraban en la mezquita del Cristo de la Luz en Toledo, o en la Torre de Hércules en Segovia, datados en el siglo XIII.

Observando el exterior del torreón de la capilla desde esta zona y el muro este del núcleo central, se aprecian huellas de antiguas edificaciones, como huecos donde probablemente se fijaron las vigas de una techumbre y restos de ventanales o puertas, cerrados posteriormente.

También del siglo XIII es la construcción del muro que separa el conjunto del castillo y la iglesia de Santa Marí­a del resto del pueblo. El acceso a este nuevo recinto exterior al castillo se realizaba por la puerta del Juego de Pelota, situada al oeste del mismo. Consiste en un sencillo arco ojival, situado entre dos torreones de planta cuadrangular.

Usado como cuartel durante la guerra de la Independencia por las tropas francesas, el general Hugo, gobernador militar de la provincia, ordenó construir en uno de los torreones de este recito exterior una nueva puerta, conocida actualmente como Arco de la Guí­a, para facilitar el paso desde la villa.

En julio de 1812, sin terminar la guerra de la independencia, llegó a Brihuega el Teniente Coronel D. Julián Sardina, quien dio orden de demoler los fuertes construidos en el cerro de la Horca y las demás defensas que los franceses habí­an construido en la población. Fue entonces cuando un sargento de artillerí­a, excediéndose o mal entendiendo esta orden, prendió fuego al castillo quedando casi destruido.

El catastro de la Ensenada de 1752, en su libro de haciendas de eclesiásticos, describe así­ el edificio:

"Un Palacio y fortaleza junto a la Iglesia de Nª Srª de la Peña que tiene cincuenta y seis varas de frente y cincuenta y dos de fondo. Su habitación consiste en patio con sus portales, cuatro salones, dos aposentos, oratorio, otros dos aposentos, cuatro salones, carbonera, cocina, orno, y cuadra con un corral y en segundo suelo corredores, cuatro salas, cuatro alcobas, seis aposentos y dos cocinas, en tercer suelo unos camarachones y en el cuarto suelo un palomar".

En el año 1832 hubo un intento para instalar dentro de sus muros el hospital de la villa, situado hasta entonces en la plaza de San Simón, que pretendí­a habilitar un par de salas para enfermos. Se cursó una solicitud al Director general de Propios, quien la transmitió al Despacho del Fomento general del Reyno desde donde, por orden real, fue denegada.

En el año 1845 ya estaba destinado a cementerio de la villa.

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