La capilla del castillo

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De todo el conjunto del castillo de Brihuega, es sin duda el recinto conocido tradicionalmente como la capilla del castillo, el que mejor conservado ha llegado a nuestros dí­as.

Está situada en el extremo este del castillo dentro de lo que es el gran torreón allí­ situado.

Podemos diferenciar dos secciones: una nave de planta cuadrangular, con unas medidas aproximadas de 6,60 de largo por 7,25 de ancho, que se prolonga con un ábside poligonal de cinco lados, de los cuales los dos primeros no son sino una continuación de los muros laterales de la nave.

Nave y ábside están cubiertos por bóvedas de ojivas, cruzadas por cuatro nervios que van a las esquinas de la nave cuadrangular, y por seis nervios que mueren en los ángulos de unión de las cinco paredes que forman el ábside. Estos nervios se unen en el techo en pequeñas claves y descansan en los muros sobre columnas culminadas con capiteles con decoración vegetal formada por dos filas de hojas, unas a modo de pencas y otras en la parte baja que estando plegadas en el capitel de la izquierda parecen ir abriéndose a lo largo del ábside.

La estancia queda iluminada por cuatro grandes ventanas, una en el muro este de la nave cuadrangular, y tres en los tres paños centrales del ábside. Estos ventanales, abocinados en el interior, tienen una estructura escalonada hacia el exterior y están elaborados con sillar bien trabajado.

Beatriz Sirvent: Capilla mudéjar del Castillo de Peña Bermeja. Brihuega (Flickr)

Frente al ábside y a los pies de la nave, sin estar centrada con el eje, sin duda por haber sido abierta con posterioridad, encontramos la actual entrada a la capilla. Se trata de una puerta ojival, de arco liso, apoyado sobre una moldura, que se abrió junto a una inmediata ventana que quedó cegada.

La puerta primitiva, que hoy se encuentra tapiada, podemos situarla en el lado oeste de la capilla y la comunicaba con el resto de dependencias del castillo.

Beatriz Sirvent Castillo de Peña Bermeja. Brihuega (Flickr)

También en ese muro encontramos cerca de esa puerta, un hueco cubierto por un arco en cuyo interior se encontraban restos de pintura mudéjar como en el resto del zócalo de la capilla. Tal vez sea este hueco el que Enrique Cook, en su "Relación del viaje de Felipe II en 1585 a Zaragoza" identificó como el asiento de Alfonso VI.

El estilo general que ofrece la capilla es el de un primitivo gótico francés, sin duda inspirado por los maestros y obreros franceses que trajo D. Rodrigo Jiménez de Rada para trabajar en la construcción de la catedral de Toledo. La capilla es muy similar a algunas construcciones francesas contemporáneas, como es el caso de la torres del recinto de Carcasona.

Es de destacar, y por ello le dedicaremos un capí­tulo aparte, el zócalo de pintura mudéjar que recorre los muros de la capilla. Está formado por varias cintas rojas que se entrecruzan formando diversos polí­gonos estrellados, existiendo también algún motivo vegetal y la figura de un pez.

 

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