La Sociedad Española de Excursiones en la Alcarria

Excursión a Guadalajara, Torija y Brihuega, realizada el domingo 10 de Mayo de 1925

En el deseo de contribuir con mi grano de arena al fomento de las excursiones artísticas de nuestra Sociedad, y de que nuestros consocios pasaran un día agradable, al par de admirar uno de esos bellos e interesantes rincones de nuestra querida España, que tantas y tantas cosas tiene que ver y que estudiar, como son sus múltiples encantos naturales, sus típicos y característicos pueblos, castillos, monasterios, iglesias, palacíos, murallas y en general ese conjunto tan agradable y tan vario que nosotros, los amantes a ello, nos deleitamos en observar, discurrir por sus calzadas, calles, plazas, ruinas y naves, ansiosos de encontrar un detalle que nos revele algo de su pretérita grandeza.

Todas estas bellezas, fuera de las líneas generales de comunicación, eran puntos casi imposibles de visitar con relativa comodidad, pues se precisaban varias jornadas hasta llegar a ellas; hoy, gracías al auto, podemos penetrar en estas tierras, y en un solo día ponernos al tanto de sus monumentos y saborear un poco de su historia.

En este plan, brindé la excursión que nos ocupa a nuestros directivos, y con su beneplácito se señaló la fecha del segundo domingo de Mayo para su realización; agradecidísimo en extremo a la buena acogida que tuvo mi idea, y sólo anhelaba que los que se sumasen a ella quedaran complacidos.

A las siete menos cuarto de la mañana, hora convenida, nos encontrábamos bajo la marquesina de entrada de la estación del Mediodía todos los excursionistas; previa la entrega de nuestros respectivos billetes, pasamos al andén, y en un veterano coche nos acomodamos; partió el mixto de Zaragoza, que era el que utilizábamos, a las siete y diez; como domingo, el tren iba materialmente abarrotado de viajeros; familias enteras, con sus correspondientes cestas de vituallas, iban díspuestas a pasar el gran día bajo las alamedas de las márgenes del Jarama o del Henares; cada estación próxima a estas riberas era una verdadera desbandada; las dos horas que invertimos en el recorrido de Madrid a la capital de la Alcarria fuimos distraídos contemplando ese trasiego de gente, siempre de buen humor y chirigotera, que salen determinado día dispuestos a dar rienda suelta a sus ilusiones, que fueron almacenando durante toda la semana.

TORIJA: Vista parcial.

Con gran puntualidad llegamos a Guadalajara; tomamos el automóvil que al efecto teníamos a nuestra disposición, y tras pasar el remozado puente sobre el Henares, el cual ha sido ensanchado recientemente por ambos lados, habiendo quedado dos amplias aceras para peatones, terminamos de subir la empinada cuesta que hay entre la estación y la capítal; nuestra parada fué precisamente frente al palacio de los Duques del Infantado, primero de los monumentos que íbamos a visitar; a la derecha se encuentra el gran solar donde estuvo el palacio de los Marqueses de Montesclaros, después Fábrica Nacional de Paños, y desde el 1833 Academia de Ingenieros militares, hasta que recientemente fué reducida a cenizas por un voraz incendio, causando este siniestro hondo pesar en todo Guadalajara, que anhela por momentos ver levantado un nuevo y capaz edificio donde siga la referida Academia Militar, cuyos intereses están tan íntímamente ligados a la vida y desenvolvimiento de la capital.

A la puerta del palacio se encontraba nuestro querido amigo D. Luis Cordavias, Secretario de la Comisión de Monumentos y Director del periódico local Flores y Abejas, que sabedor de nuestro viaje, con la amabilidad en él característica, se unió a nosotros, sirviéndonos como guía y prodigándonos todo género de atenciones y detalles; penetramos en la antigua mansión de los Mendozas, los Santillanas y los Lunas; fué mandado construir por el segundo de los Duques del Infantado al final del siglo xv; respecto al orden arquitectónico en él seguido, hay díversidad de estilos, como pudimos observar, encontrando gótico ya en decadencia, principios de renacimiento y árabe no muy puro; el conjunto es interesante, y como especial mención citaré su íachada, cuya portada está compuesta de dos grandes columnas de cuadritos resaltados; entre éstas abre la ojiva, que termina en un yelmo, que tiene un águila por cimera; esta ojiva es cortada hacia su mitad por un arco rebajado; los escudos de la familia ducal se encuentran encima 'el dintel y en las enjutas, estos dos sostenidos por grifos; los balcones, con frontispicios; el del centro es doble, con blasones entre grandes figuras; termina la fachada con una galería de arcos pareados (hoy casi todos tabícados), saliendo entre elles unos garitones; adorna toda la fachada cabezas de clavos piramidales.

Tambíén son dignos de citarse: el patio llamado de los leones, los artesonados de las salas de Linajes (actualmente convertida en capilla), la de Cazadores (con una colosal chimenea); son preciosos los zócalos de azulejos talaveranos y las pinturas al fresco del cèlebre artista italiano Rómulo Cincinato; no quiero dejar de significar mi felicitación más sincera a las reverendas madres de la Sagrada Familia, guardianas y esmeradamente cuidadosas de esta mansión, al par de dar educación a estas hijas del dolor, huéríanas de guerra, allí instaladas desde el año 1879; después de contemplar detenidamente todo lo enumerado pasamos al Instituto, enclavado en el antiguo convento de la Piedad; de la capilla sólo quedan las paredes; hay dos puertas renacimiento muy bellas, en buen estado de conservación, siendo también muy notable el patio y escalera.

Luego vimos a corta distancia de este edificio una capilla llamada de Lucena o de los Urbinas; su aspecte exterior es el de una fortaleza, flanqueada de redondos cubos y ceñida de modillones arábicos; su interior está en deplorable estado; según nos pudimos enterar, la subvención que para su reconstrucción tenía señalada, ha cesado; y es una verdadera lástima que estas capitales, tan escasas de monumentos, los pocos que tienen se vayan dejando perder.

Nos trasladamos al antiguo convento de San Francisco, mandado construir por la reina D." Berenguela para los Templarios; incendiado en 1394, fué reedificado por D. Diego Hurtado de Mendoza; en la actualidad está instalado el fuerte y talleres de los Ingenieros militares; nos recibió atentamente, y acompañó en la visita, el coronel jefe de aquella Comandancía Sr. Ubach, quedándole reconocidísimos; de este edificio sólo visitamos el antiguo panteón de los Duques, de trazos muy parecidos al de reyes de El Escorial; ahora bien, completamente destrozados mármoles y tumbas durante la invasión francesa; los restos, después de esta profanación, fueron trasladados a la Colegiata de Pastrana. En la capilla vimos una tabla del siglo xv, muy bonita y bien ejecutada; representa a los Santos Cosme y Damián realizando una milagrosa operación quirúrgica a un enfermo, cuya pierna tiene ulcerada; se la amputan y la sustituyen por otra sana de un esclavo negro, y a éste le colocan la enferma; el asuntito, como milagroso, es muy hermoso; pero como caritativo deja bastante que desear; ya que verdaderamente hizo el negro (en todos los sentidos que nuestra imaginación le quiera aplicar), no le debieron largar la pierna ulcerada; bastante había hecho ya con ceder, quizás a la fuerza, la suya sana y robusta.

Aquí terminábamos el plan trazado para la mañana, y como quedaba una hora escasa para la comida, cuyo señalamiento era para las doce y media, visitamos el panteón de la Condesa de la Vega del Pozo y la iglesia de San Ginés; el primero es de moderna construcción y trazado por el arquitecto D. Ricardo Velázquez Bosco; está inspirado en el románico y muy bien costeado, notando que aún falta algo por hacer; especial capricho de su fundadora, que siempre deseó trabajasen en él mientras viviera; esto así nos lo contaron y como lo contaron lo cuento; ahora bien, que allí sí se ven detalles para ir colocando muchas más cosas.

La iglesia de San Ginés es la antigua de los dominicos y empezada construir por el arzobispo Carranza; en ella se encuentran, a ambos lados del presbiterio, los panteones de estilo renacimiento de D. Pedro Hurtado de Mendoza y D." Juana de Mendoza; en las capillas laterales, arcos funerarios góticos de los Condes de Tendilla, D. Iñigo López de Mendoza y D.a Elvira de Quiñones.

Aprovechado este rato, caímos en el hotel y con muy buen apetito; nos presentaron un suculento almuerzo, el cual desapareció como por encanto; había que reparar bien las fuerzas y entrar en calor, pues la mañana había sido dura, tanto por lo mucho visitado, como por el día que no era de Mayo precisamente como marcaba el almanaque, sino de un otoño de lo peor, nublado y frío, un tanto desagradable; puesto ya a buen temple, nos instalamos nuevamente en el automóvil y emprendimos la marcha hacia Torija; la salida de Guadalajara por la puerta de Zaragoza, depósito de las aguas, presenta un panorama bonito; la carretera se encontraba en muy buen estado; por tanto, el paseo nos iba resultando muy agradable; cruzamos el pueblo de Taracena, muy pequeño: nos dejamos a la derecha, a corta distancia, los de Iriepal y Valdenoches, de escaso interés; penetramos en el valle de Torija, siempre tan frondoso; los álamos y olmos cubren la carretera, caminando bajo un túnel de verdor; este valle, a más de su encanto natural, también le corresponde algo de historia: en tiempo de los Mendozas se celebró el Paso Honroso de Torija, célebre no sólo en Castilla, sino en toda España; durante quince días sostuvieron los paladines alcarreños el paso o justa del valle y no hubo quien los vencier a peasar de tomar parte en este desafío las mejores lanzas del reino, caballeros franceses y portugueses. La tela o campo de combate se situó en la parte más estrecha del valle. Después de celebrados éstos, tan encumbrados nobles obsequiaron con banquetes, justas poéticas y saraos, a todos aquellos caballeros.

PicotaTorija

Al final del valle, y en su parte más alta, se encuentra el pueblo de Torija; echamos pie a tierra y a primera vista observamos los restos de su antiguo castillo, en deplorable estado, y merced a ciertos detalles podemos darnos exacta cuenta de su bellísimo aspecto; su torre del homenaje es lo que mejor se conserva con uno de sus garitones; sobre el origen de este castillo no hay en concreto noticia alguna que se pueda dar por cierta, y sí sólo se sospecha, y hay hasta quien lo afirma, que fué obra de los Caballeros Templarios, allí congregados bajo las reglas de San Renato, a raíz de la reconquista de esta región.

A partir del año 1340, después de la batalla del Salado, hay noticias más concretas sobre esta villa y señorío; ésta fué dada a D. Alonso Fernández Coronel, Adelantado Mayor de Andalucía, por el rey D. Alfonso XI, en agradecimiento a su comportamiento en combates y batallas, y muy especialmente por la anteriormente dicha del Salado; después, y durante el reinado de D. Pedro I, entregó a su ayo D. Alonso la villa de Aguilar; poco le duró ésta y todos sus dominios, pues mostró su afecto hacia el bastardo; sabido por el Rey mandó sitiarlo, después de haberle quitado varias villas y señoríos; grande en verdad fué la resistencia a las tropas de D. Pedro, pues tardaron cuatro meses en penetrar en la plaza de Aguilar, donde fué hecho prisionero y mandado decapitar por orden del Rey.

Pasó el señorío de Toríja, Aguilar y Mondéjar, que eran del ajusticiado, a poder de la infanta D. a Beatriz; en 1389, por Real orden del rey D. Juan I pasa a poder de la hija mayor de D. Alonso, D." María Coronel; mas como por aquel entonces Torija se encontraba ocupada por D. Diego Hurtado de Mendoza, hubo de darle a éste el Rey el Real de Manzanares, pasando, por tanto, la villa y señorío de Torija nuevamente a los Coronel; los aragoneses y navarros, en sus tropelías en 1445, se apoderaron de Torija, y su castillo fué ocupado por el adalid Juan de Puelles; en los dos años que allí moraron fueron de tormento para todos los pueblos vecinos, pues les destruían las cosechas, les robaban los ganados; en sus correrías llegaron hasta las puertas de Brihuega y Guadalajara.

El Arzobispo de Toledo y D. Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, cansados de tantas vergüenzas, pusieron con sus huestes cerco a la plaza y en capitulación fué tomada, por lo que salió libre toda su guarnición.

El señorío fué comprado a D. Gonzalo de Guzmán, que era el que lo poseía, por el Marqués de Santillana, y Ió cedió a su hijo D. Lorenzo Suárez de Figueroa, el cual no reconstruyó el castillo por el mal estado que había quedado por el sitio sufrido; D. Lorenzo, Conde de la Coruña, adoptó el de Vizconde de Torija, fundando el señorío y mayorazgo con su mujer D.ª Isabel de Borbón, legándoselo al historiador de las guerras de Flandes su híjo mayor D. Bernardino.

La iglesia del pueblo, por su estructura, es del periodo de transición entre el románico y el ojival; su exterior es bonito, y en particular la torre es muy bella; se cree como cierto que fué mandada edificar por D. Bernardino de Mendoza, construyendo en ella el panteón de familia; con gran sentimiento no pudimos penetrar en ella, a pesar de mandar emisarios en todas direcciones en busca de las llaves; no pudieron encontrar al sacristán, que es quien las tenía, privándonos de ver su interior y el retablo del altar mayor, que es bastante bueno y aseguran perteneció al extinguido y cercano convento de Sopetrán.

TORIJA: Ruinas del Castillo

Volvimos a acomodarnos en el auto y emprendimos el camino hacia Brihuega; vamos caminando sobre esa gran planicie de la Alcarria Alta, tapizada con campos de labor, viñedos, encinares y monte bajo: tan solo se ve a lo lejos la silueta de la sierra, y destacándose sobre ella el pico de Ocejón (2.063 metros), el más alto de la provincia; dejamos a nuestra izquierda el caserío de Trijueque, y a la derecha el de Fuentes de la Alcarria, ambos de escaso mérito; empezamos a descender, y aparece Brihuega, enclavado en la vertiente del río Tajuña: su situación es en extremo pintoresca; paramos en un frondoso paseo de gigantescos olmos, y vamos a penetrar en el poblado por un arco de muralla coronado por almenas; detiene nuestra natural curiosídad una inscripción en piedra y una pequeña hornacina con una imagen; la primera recuerda en su lectura que por aquella puerta se dió el avance y asalto el día 9 de Diciembre de 1710, y caemos en la cuenta que estamos en la guerra de Sucesión, donde en Brihuega, y en sus campos de Villaviciosa, al siguiente día del indicado, se dió la gran batalla, y quedaron derrotadas las tropas aliadas que defendían al Archiduque; y como consecuencia de aquel hecho, los Borbones ciñeron sobre sus sienes la corona de España; en estos campos, aquel animoso joven Duque de Anjou, nieto de Luis XIV el Grande, y para nosotros Felipe V, no abandonó un momento a sus soldados, hasta el punto que temiendo el general Duque de Vendòme perder la batalla, aconsejó al monarca que se retirara, y éste le contestó:-"Permaneceré en el campo hasta que me vea abandónado del último soldado."..Ya anochecido, y viendo Vendême el gallardo comportamiento de su rey, para su descanso, conmovido, le dijo:

- "Bien, señor; voy a preparar a V. M. el lecho más glorioso que ha tenido un rey sobre la tíerra". Y extendió a sus pies las 50 banderas y 14 estandartes tomados al enemigo.

Al regresar a Madrid Felipe V ordenó que se tuviese a la Inmaculada Concepción por patrona de los Cuerpos de Infanteria: y ésta es la imagen que vemos por encima de Ia puerta, que a pesar de estar abierta nos entretuvo este rato antes de penetrar por ella; es llamada de la Cadena, su arco es de medio punto y conserva cuatro recias almenas; el caserío, en general, es muy desigual y moderno: casas de dos y tres pisos, encontrando verdaderos alardes de equilibrios donde la plomada brilló por su ausencia: estando sacando una foto de uno de estos ejemplares hubo un golpe de verdadera gracia; uno de nuestros queridos consocios se acercó al otro que enfocaba y le dijo:-"¿Es que quiere usted retratarla antes de que se caiga?". Gran hilaridad entre los excursionistas, y aplauso a la buena ley.

La nota más simpática y agradable observada es la variedad de fuentes y la cantidad abundantísima de agua que encontramos por todas partes; entre todas, la más importante es la llamada Blanquina, con doce caños de buen diámetro, y parece que son insuficientes para dar salida a tan rico venero; pasamos por la plaza y coso, donde se celebra los domingos por la mañana el renombrado mercado y donde acuden a hacer sus compras y ventas de todos los pueblos comarcanos; vimos exteriormente el Ayuntamiento, y aunque no es un monumento, es obra de D. Ventura Rodríguez, construído en el año 1797.

BRIHUEGA: Puerta de la Cadena

Seguimos discurriendo por estas calles de sabor tan característico, que deleítan nuestro ánimo y penetramos en el recinto del castillo por un arco abierto en la muralla en tiempos de la guerra de la Independencia; nos encontramos en el llamado prado de Santa María, donde se encuentran las ruinas de su histórico castillo y la iglesia parroquial, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Peña, patrona y madre amada de los Brihuegas; nos internamos en ella por una portada gótica muy bella y nos hallamos en un templo de tres naves, mezcla de románico y ojival; los arcos de las naves son de medio punto, descansando sobre robustos pilares; de éstos arrancan, formando las bóvedas, atrevidos arcos ojivales. Las naves laterales y el ábside son de marcado estilo ojival; en los capiteles (algunos muy interesantes) encontramos la flora y la fauna, que caracteriza ambos estilos, e igualmente los ventanales nos muestran este período de transacción. El coro descansa sobre un atrevído arco rebajado que en su centro muestra el escudo del Cardenal Tavera, y esto nos da a entender que fué construído en el siglo XVI, bastante después que la totalidad del edificio, pero ajustándose en un todo a las trazas generales, por lo cual el conjunto y proporciones de este templo nos produce un excelente efecto; molesta, sin embargo, nuestra vista la pintura dada a las paredes, baquetones, nervaduras y capiteles, impropias e innecesarias en la conservación de estas joyas del arte, que desdicen en un todo al marcado carácter que éstas representan, y que son gala de nuestros pasados tiempos, lo cual debemos de respetar y presentar en toda su pureza, sin mezcla de modernismos de ninguna especie.

Pasamos a la sacristía para ver el camarín y escultura de la Virgen, y desde un gran balcón o solana contemplamos la vega del río Tajuña, alegrando nuestra vista este bonito panorama. La escultura es una talla de un metro aproximadamente de altura; aparece sentada y tiene en su mano derecha una manzana y con la izquierda sostiene al niño, el cual a su vez con la mano izquierda sostiene un libro y con la derecha bendice; la tez de ambos es morena, tan característica en todas las imágenes de esta época; parece ser del siglo XII o principios del XIII; ahora bien, si nos amoldamos a la tradioión y es la misma que bajo la peña en que está enclavado el castillo e iglesia se le apareció o reveló a la infanta Elima o Zulima, hija del rey moro de Toledo Alimenón en uno de sus viajes al castillo de Piedra Bermeja, de Brihuega, y oculta allí por los antiguos creyentes por temor a que fuese profanada cuando la invasión morisca, debe ser de fines del siglo IX o principios del X; de una forma u otra es de un positivo valor artístico. Representando esta tradíción vimos en la iglesia un lienzo de grandes dimensiones, de no gran valor, pintado por Juan Ramos en el año 1774, y en su pie aparece la siguiente inscripción:

"Entre las imágenes que los cristianos ocultaron por la pérdida de España, fué una esta portentosa y milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Peña, Patrona desde su origen de esta villa de Brihuega; hasta que Ia Divina Omnipotencia, reynando Alonso el VI y a Toledo el rey moro Almenon, por los años 1070, pasando a Ita, dexó en el castillo de Píedra Bermexa de esta villa a una infanta, hija suya, llamada Elima, manilestó a sus Brihuegos tan Digno y Perdido Cielo. Entre los moros que la custodiaban fué uno un Caballero llamado Cimbre quien la instruyó en la Fe Católica y la dixo que era hija de Cristiana. Con estas luces deseosa de ver a la Madre de Dios, se la apareció en una peña, de donde la conduxeron un canónigo de Toledo, la Infanta y innumerabIes almas procesionalmente a donde subsiste colocada, obrando tantos portentos que llevados de la fama acuden cada día de reinos extraños a darle gracias y adorar su santuario. - Año de 1774."

El castillo de Piedra Bermeja, inmediato a la iglesia, es hoy la mansión de los muertos; fué una idea el instalar allí el cementerio; recuerdos tras recuerdos ¡lo que fuisteis!, ¡los que fueron!; este castillo palacio, del que sólo quedan algunos muros y la torre del homenaje, de severo aspecto, de forma semicircular, con cuatro ventanas de arcos de medio punto, reentrantes, con aristas vivas, sin molduras ni columnas, dándole el marcado carácter de fortaleza, fué albergue del rey D. Alfonso VI cuando fué destronado del reino de León por su hermano D. Sancho, y vino a ser huésped del rey moro de Toledo Alí-Maymón, el cual cedióle este castillo en el que se instaló y reedificó; en tiempos de los Arzobíspos, muchos de éstos gustaban de pasar en él grandes temporadas, unas veces por cuaresma, donde se retiraban para hacer sus ejercícios, y otras, para recreo durante los meses de verano merced al fresco clima que en esta estación se disfruta, abundantísimas y deliciosas aguas. Con la estancia de estos encumbrados señores, la villa de Brihuega ganó multitud de privilegios. D. Rodrigo Jiménez de Rada, que acompañó a D. Alfonso VIII en la batalla de las Navas de Tolosa, consiguió del rey Enrique I en 1215 para su villa de Brihuega un privilegio de Feria, que aun no gozaba Talavera, Madrid y Alcalá; también consiguió del rey santo don Fernando III un magnífico Fuero, que es un tratado completo de legislación civil y penal. El infante D. Sancho, Arzobispo de Toledo, hermano del rey D. Alfonso X, el Sabio, consiguió un privilegio para los ballesteros de Brihuega y en el castillo estuvieron acompañándole una temporada su hermano el Rey, la reina D.ª Violante y el infante D. Fernando. A requerimientos del Arzobispo D. Gonzalo García Gudiel, el rey don Fernando IV, el Emplazado, confirmó el privilegio de Feria que dió el rey D. Enrique I y además prohibió que un mes antes y otro después las hubiese en ninguna población en treinta leguas a la redonda. El Arzobispo D. Pedro Tenorio invitó a su rey D. Juan I a pasar una temporada en su villa arzobispal, y gustó tanto al monarca que prolongó su estancía varios meses, recibiendo en ésta a los embajadores del Maestre de Avis, que venían a comunicarle que su señor había sido proclamado rey de Portugal. El confesor de la reina D.ª Isabel, fray Francisco Jiménez de Cisneros, después Arzobispo de Toledo, en princípios dèl estío de 1503 pasó unos días en el castíllo-palacio de Brihuega. El Cardenal D. Juan Tavera fué uno de los Arzobispos que más atención prestaron a esta villa, hospedándose en ella grandes temporadas y emprendiendo importantes obras y mejoras, muy particularmente en la iglesia de Santa María, la que reformó notablemente. El rey D. Felipe II, a su paso para Monzón, se albergó en el castillo de esta villa, incorporada ésta ya a la corona.

BRlHUEGA: Soportales.

El castillo sirvió después de prisión del Estado, habiendo perrnanecido en él, mientras se veían sus causas, grandes personajes, y, por últímo, nos lo encontramos en total ruina y guardando las cenizas de los moradores de esta decaída villa.

De paso vimos la Puerta de Cozagón, enclavada en la parte mediodía de la muralla, de la que sobresale formando un torreón cuadrangular; su arco ojival es esbeltísimo; las piedras que la forman tienen varios signos y deben ser, sin duda alguna, las señales o marcas de los obreros que éstas labraron; siguiendo nuestro paseo contemplamos exteriormente las iglesias: de San Juan, cuya torre parece una fortaleza; hay quien asegura que esta iglesia perteneció a la Orden de San Juan de Jerusalén; la de San Miguel y San Felipe con portadas de marcado estilo ojival; al interior no pasamos por saber carecen de mérito por encontrarse revestidas de espesas capas de yeso, cubriendo por completo sus columnas y demás detalles del orden a que pertenecen.

La última visita que hicimos Iué a la antígua Real Fábrica de Paños de tíempo de Fernando VI y Carlos III, y. a ella nos dirigimos; es un soberbio edificio, y nos da idea del gran desarrollo de esta industria lanera en aquella època por esta región; al principio apareció como hijuela de la de Guadalajara, pero en el reinado de Carlos III tuvo vida propia e independiente, teniendo necesidad de hacer grandes amplíaciones, terminándose éstas siendo Ministro de Hacienda D. Pedro de Llerena, año de 1787. Los paños aquí fabricados no tenían rival, sobresaliendo los azul tina y grana, hasta el punto que en el año 1782, en una embajada que envió Carlos III al Sultán de Turquía, como presente le mandó veinte piezas de paño grana, tejidas en Brihuega, lo mejor en colorido y finura que entonces se conocía.

Todo vino abajo, sólo se conserva en buen estado el grandioso edifício y los magníficos jardines, más propios de un palacio o casa señorial que de una fábrica; están esmeradamente conservados merced al delicado gusto de sus actuales poseedores los señores de Cabañas, conservando en un todo el carácter de la época que representan.

BRIHUEGA: Jardines de la antigua Fabrica de Cárlos Ill.

Emprendimos el viaje de regreso intentando nuevamente al pasar por Torija ver la iglesia, quedando defraudados nuestros deseos; llegamos a Guadalajara con tiempo suñcíentede tomar un refrígerio, el cual nos fué servido muy al agrado de todos por el restaurant de aquella estación; comentando el día invertimos el rato que tardó el tren en conducirnos a la Villa y Corte. En resumen, un viaje agradabilísimo en extremo, bien aprovechado el tiempo, todos muy contentos y deseando nuevas excursiones por este orden; no quiero poner punto final sin antes mostrar mi agradecimiento más sincero a todos por los plácemes recibidos, al ser el iniciador de esta excursión y uno al de todos el mío hacia la parte administrativa, muy bien llevada por el Sr. Pérez Linares, apoderado de los señores Hauser y Menet, que demostró una vez más su pericia en estos menesteres.

AGUSTÍN SÁNCHEZ RAEL

Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, Vol. 33, número 3 (Septiembre, 1925)


Clichés del Conde de Palentinos, excepto la imagen de los jardines de la Real Fábrica, Fototipia de Hauser y Menet.- Madrld.

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