La sinagoga mayor de Brihuega (Guadalajara)

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PERDIDA, y como con deliberada intención oculta en medio del apiñado caserí­o que forma, en las inmediaciones de la Plaza, uno de los barrios ó distritos más populosos y más céntricos de la antigua villa arzobispal, existe en la alcarreña Brihuega, donde tanto abundan los monumentos interesantes siempre de la transición románico ojival, muy notable fábrica de los tiempos medios, de singular fisonomí­a y aun no bien determinado carácter, convertida hoy en almacén y depósito de géneros ultramarinos.

Propiedad de la familia del acaudalado comerciante D. Ángel Pérez, quien tiene allá­ sus mercancí­as, consagrada estuvo en el siglo XVI al culto como iglesia, y conocida es con el nombre de San Simón, á quien fué dedicada entonces. Adosan á ella diferentes casas por tres de sus lados, entre las que figura en el occidental la que sirve de cuartel á la Guardia civil; y careciendo totalmente de de torre y aun de espadaña, aparece libre sólo el monumento en parte por el costado de Mediodí­a, que deja la construcción al descubierto, y da sobre cierta especie de jardín ó de huerta, espaciosa y bien cultivada.

Tiene, por lo que se ve, los muros labrados de mampuesto con verdugadas de ladrillo, y de ladrillo y mampuesto con los machos y el escalonado estribo occidental, á la usanza toledana; y tendido, no con grande exactitud, de Oriente á Ocaso, el edificio se conserva í­ntegro, por fortuna, si bien ya algún tanto deformado, con su cubierta á cuatro aguas, que no es la primitiva, y su aspecto tan peregrino como diferente del de las demás fábricas religiosas erigidas en la población, que no sin causa han vacilado y vacilan todaví­a los escritores, por lo que hace á la naturaleza originaria de aquel templo, de condiciones tan fuera de lo común y tan extrañas.

A la Plazuela de San Simón tiene pálida su actual ingreso, estrecho y de traza ojival, practicado en el espesor del muro de Occidente; y sobre aquél, dando ya en su exterior á una de las estancias de la Casa-cuartel de la Guardia civil mencionada, gira graciosamente, aunque sin mámeles ni adorno alguno asemejable, circular rosetón calado, grande á proporción, compuesto de concéntricos baquetones y molduras, que su filiación proclaman, y trabajado en ladrillo, como el ingreso.

Desde éste descúbrese de un sólo golpe de vista el interior del edificio, el cual, sin ser de grandes dimensiones, y revelando su destino religioso, consta de dos únicos tramos de diferente longitud, casi cuadrado el inferior, que constituye con una sola nave el cuerpo del templo, y semicircular á manera de ábside el superior ó cabecera, ambos con altas bóvedas de crucerí­a, atada al centro por su arandela correspondiente. Encalados los muros, las mercancías almacenadas y los tablados para ellas dispuestos, ocultan en mucha parte la zona inferior de aquéllos, decorando la superior, tanto en los lienzos laterales como en el ábside ó cabecera, corrida lí­nea de artísticos ventanales que estriban sobre rectangular imposta, é inscriptos en recuadros y convenientemente distribuidos, van flanqueados por salientes pilastrones á la haz del muro, que los acompañan y enriquecen.

Llega en total á nueve el número de las ventanas memoradas, dos en cada uno de los lienzos laterales, y cinco en la cabecera, todas ellas en la propia disposición; y tapiadas hoy las del costado septentrional y las del ábside, hállanse unas y otras compuestas por hasta cuatro concéntricos volteles que en planos distintos giran y se desarrollan. Afecta el más exterior de ellos la forma de un arco ojivo, que descansa en saliente imposta y se rasga hasta la general de esta interesante zona; y, acomodándose al movimiento del mismo, hácese otro arquillo más interno y de sie e graciosos lóbulos, dentro del cual, inscriptos uno en otro como los anteriores, voltean otros dos arquillos, ojivo el uno y deforma no del todo definible el más interior, cegado, y, al parecer, lancetado, y todos, menos el último, apoyados independientemente en impostas trapezoidales y escociadas, de suerte que los ventanales presentan tres arcos escalonados, y el interior, entrelargo, y primitivamente provisto de calada geométrica celosía de estuco, de la cual no queda rastro visible.

Lancetados por su parte, y de mayor altura, son los arquillos ornamentales de los pilastrones que separan los ventanales referidos, y unos y otros, por igual manera, patentizan y proclaman de no dudoso modo su mudéjar progenie, que ostensiblemente los aproxima á sus congéneres de Toledo. Al exterior, por el costado meridional, que es, según insinuamos, el único libre, adviértese que los indicados ventanales están labrados en ladrillo, y van inscriptos también en su correspondiente y caracterí­stico recuadro; visibles son las archivoltas de los cuatro arquillos concéntricos que en planos diferentes los forman, los cuales resultan aquí de medio punto, con tendencias ultra semicirculares y hombros salientes, siendo muy de sentir que en las diversas obras y adaptaciones del edificio hayan sido en mucha parte destruidas las dos ventanas de este lado del Mediodí­a, cuyo reconocimiento y examen facilita sobre modo la azotea á ellas adosada, y propia de la casa del ilustre catedrático de la Facultad de Medicina en la Universidad de Zaragoza, Sr. D. Luis del Río, á quien hoy el monumento pertenece[1].

Transformado en iglesia el monumento, hubo de ser colocado en la parte central del ábside el retablo, el cual, á juzgar por lo que de él resta, labrado en estuco y de gusto plateresco, estuvo formarlo por dos pilastras cubiertas de relieves y una bovedilla, obstruyendo así­ la ventana que allí­ existió, semejante á las otras, aunque más estrecha, á lo que parece, descubriéndose á uno y otro lado, y bajo la cal de los muros, restos de la decoración pictórica primitiva, de la que aún son de distinguir los trazos rojos del geométrico dibujo, asemejable al de la zona inferior de la torre semicircular ó del homenaje, en el despedazado Castillo la propia Brihuega.

Tal es el monumento, al cual dan poca importancia en aquella población, según expresa el docto académico Sr. Catalina Garcí­a, quien haciendo constar «que es el más completo y puro que existe de arte de mudéjar en toda la comarca alcarreña», manifiesta «hay la creencia de que bajo el piso del templo existe una bóveda y en ella sepulcros, y de que la entrada á esta cripta se halla bajo las dos ventanas abiertas y que dan á unos huertos», si bien no le consta «que se haya explorado», aunque «estaría bien el hacerlos[2].

Rechazando, no sin causa, el supuesto de que fuera erigido este notable edificio para mezquita de la grey mudéjar[3], cuya permanencia en aquella población acreditan los documentos en el siglo XV, repugna por igual el escritor antes mencionado fuese construido para sinagoga, habiendo resultado inútiles sus pesquisas para averiguar dónde existió en la centuria indicada, pues si bien es «cierto que aún existe” dice ”en Brihuega una calle con el nombre de la Sinoga (apócope ó contracción de Sinagoga), donde seguramente estuvo ésta , no hay en sus casas resto de construcciones antiguas y antes de aceptar el erróneo supuesto de que la torre citada del homenaje en el Castillo «fue oratorio de los moros», cree mejor «suponer que estuvo en el antiguo templo de San Simón, cerrado hoy al culto, y aun enclavado entre construcciones modernas que le han hecho desaparecer de la vista del público», concluyendo, no obstante, que «no parece haber sido jamás mezquita, sino iglesia cristiana[4]».

Como en Toledo, la ciudad primada, como en Alcalá de Henares, villa arzobispal también, en Brihuega era realmente crecido el número de hebreos, quienes componí­an por sí­ populosa Aljama; y á juzgar por el celebrado Fuero que dio á su villa el famoso arzobispo D. Rodrigo Ximénez de Rada, probablemente en 1212, gozaban allí­ los judí­os de notorias preeminencias, equiparados en un todo á los demás pobladores de cualquier condición que fuesen[5]. No era, pues, de extrañar que al amparo de esta situación legal privilegiada acudiesen con preferencia á Brihuega los hebreos, sobre todo después de la matanza de tierra de Campos el año de 1295, y de las de 1355, 1360, 1391 y 1468, por cuya causa, si en el Padrón de los Judí­os de Castilla, hecho en 1290, aparece tributando la Aljama birocense menos que la de Talamanca, lo cual no deja de ser con todo reparable, en el Repartimento hecho ya en 1474 figura casi al nivel de «los judíos que moran en Madrid, con los judíos que moran en Ciempozuelos, é en Pinto, é en Barajas, é en Torrejón de Velasco[6]».

De tal suerte se habían entre sí relacionado y aun identificado los habitantes de Brihuega, y de tal y tan íntima manera convivían en la villa arzobispal cristianos, judíos y mudéjares (moros), como para que no sólo en la casa del judío D. Zulema Francisco pronunciare sentencia en 1480 «un comisionado del Arzobispo para terminar cierta desavenencia entre el monasterio de Villaviciosa y los brihuegos[7]», sino que, con olvido manifiesto de cuanto disponían las leyes civiles y eclesiásticas, y conforme acredita en los días memorables de D. Juan II muy interesante documento resultado de la visita hecha en Agosto de 1436 a la Villa por el visitador del arzobispado Mateos Sánchez, ”la comunicación y el trato entre los individuos de una y otra raza producían ya verdadero escándalo.

«E yo, visitando la dicha villa de Briuega” decía con efecto Mateos Sánchez, ”fallé por la dicha visitaçion que non embargante los dichos ordenamientos Reales e esso mesmo los dichos capítulos e constituçiones Synodales en esta parte ordenadas, que publicamente tienen judíos e moros sirvientes en sus casas cristianos e cristianan, e comen e beuen con ellos continuamente de sus viandas, e que judíos e moros, físicos e carpenteros, entran en monasterios de dueñas sin cristiano alguno á ellos acompañando, e esso mesmo que los dichos judíos e moros son procuradores e abogados[8]».

lailustracionPor lo expresado, y por lo que se deduce de lo dispuesto en la precitada Carta del chantre Mateos Sánchez, en la cual se ordena á los habitantes de Brihuega se aparten «de la dicha cohabitaçion e conuersacion continua de noche e de día los cristianos con los judíos e moros, e los judíos e moros con los cristianos, comiendo e beuiendo en vno de noche e de día de vnas viandas», no se han menester grandes esfuerzos para comprender que judíos ni mudejares (moros) cumplían la ley , viviendo entonces en barrios apartados é independientes de los cristianos, y por tanto , que la Sinagoga mayor de los hebreos fué construida, y permanecía, sin inquietud ni escándalo para nadie, enclavada en medio de la población cristiana. Quizás a consecuencia de la visita de 1436, emigraron los judíos al barrio extramuros de San Pedro, como es tradición en Brihuega, siendo en aquella ocasión, acaso, consagrada al culto cristiano la indicada Sinagoga mayor, aún subsistente.

De cualquier modo, no es á nuestro juicio aventurada la hipótesis, y con ella tampoco la afirmación de que aquel extraño templo no fué nunca erigido para iglesia, llevando los caracteres de la construcción á suponer que es obra de la XIV.ª centuria, es decir, del período más brillante de la judería de Brihuega. La comparación de los indicados caracteres arquitectónicos con los de otras fábricas toledanas autoriza en nuestro sentir lo expuesto respecto de la fecha de la construcción, resaltando en consecuencia el monumento de muy superior interés histórico para Brihuega, como antes que nosotros, aunque sin asignarle su verdadera naturaleza, reconoció ya nuestro bueno y antiguo amigo el encomiado de las glorias de la Alcarria, D. Juan Catalina Garcí­a.

RODRIGO AMADOR DE LOS RÍOS

Publicado en LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA, Nº. XXXIV, 15 de septiembre de 1903.


[1] Según se nos indica, el Sr. Del Río trata de restaurar esto edificio, abriendo los ventanales cegados, dejando libre en totalidad el ingreso, y procurando en lo posible devolverle, en fin, algo de su fisonomía propia, no sólo con el objeto de conservarle, sino con el de dedicarle á biblioteca y laboratorio químico.

[2] Don Juan Catalina García, El Fuero de Brihuega, página 67, nota.

[3] Notorio es que las mezquitas en España estuvieron orientadas de Norte á Mediodía sin excepción, y, por tanto, que tendiéndose este templo de Oriente á Ocaso, no cumple aquella condición indispensable; además, no existe ejemplo de mezquita alguna de una sola nave tampoco.

[4] Catalina García, op. cit., págs. 66 y 67.

[5] Una de las primeras disposiciones declara, con efecto: «Todos omes que moraren en briuega, ayan un fuero»; y más adelante amplifica y determina taxativamente: «Todos los omes que moraren en briuega ó en su término, xristianos et judíos et moros, todos ayan un fuero» (Catalina García, op. cit., págs. 122 y 160).

[6] Amador de los Ríos, hist. soc. pol. y rel. de los Judios de Esp. y Port., t. II, pág 53; t. III, págs. 599 y 600.

[7] Catalina García, op. Cit., pág. 62.

[8] Id., ­d., pág. 64

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