Pinturas murales recientemente descubiertas

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En el antiguo castillo de Brihuega, villa importante de la Alcarria, á cuyas puertas se dio la célebre batalla de Villaviciosa, último lance de la guerra de Sucesión, acaban de descubrirse algunas pinturas murales que ofrecen bastante interés.

Aun cuando en mal estado esta fortaleza, y sirviendo hoy de cementerio, se conservan en pié todos sus muros principales, interiores y exteriores y del examen de ellos puede resultar la afirmación de que todas, ó la mayor parte de las habitaciones han sido pintadas.

De mayor interés y antigüedad entre ellas es la que existió en el ángulo de la izquierda del cementerio bajo, apoyada en la torre del Homenaje, y en la cual, derribada una mamposterí­a, se halló un zócalo en ángulo, de unas tres varas de longitud total, adornado de curiosas pinturas. Estaban estas divididas en cuatro compartimientos, ocupado el primero por dos figuras humanas al parecer músicos; el segundo con una linda tracerí­a arabesca; el tercero presenta una cigüeña con un pez en el pico, y el último es igual al segundo. El color empleado para el fondo es rojo, las figuras son blancas, y el todo está recamado por dos cenefas de adornos imitando toscamente una serie de SS. La pintura está dada al temple y sobre una capa de bastante buen estuco, separada del muro por otra de cal, fue imposible hacer la segregación deseada para la traslación del monumento á esta corte, y con gran sentimiento mí­o quedó expuesto al aire libre, aunque encomendado á personas celosas.

A juzgar por los trajes y por el gusto artí­stico del castillo, no creo sea aventurado hacer subir esta pintura á fines del siglo XIV. Es su estilo el mudéjar, revelado en las tracerí­as puramente árabes que adornan dos de los cuatro compartimientos.

En este mismo género, y sin duda á imitación de dicho monumento, se pintaron las tracerí­as (de puro estilo árabe casi todas) que adornan los zócalos de muchas habitaciones, incluso el salón de la gran torre. Es este de figura semielí­ptica; columnas adosadas en sus muros y rematadas en capiteles góticos hábil y graciosamente dibujados, los cuales sostienen las fuertes herraduras de la bóveda que convergen en un sencillí­simo rosetón : por encima de una cornisita de aristas angulares que corre á dos metros de altura, se ven (y en los desconchados que ha sufrido el blanqueo que posteriormente cubrió el salón) trazos dorados de cuya intención artí­stica no pude cerciorarme por no haber tenido tiempo sino para descubrir á la ligera todos estos restos pictóricos. El zócalo es de negra tracerí­a árabe, diversa en los diferentes muros. En otras habitaciones he visto adornos remedando pinas, rosetoncillos y cenefas de diferentes colores, aunque empleados de peor manera.

El último piso de esta torre, hoy destruido casi por completo hasta en sus paredes, de las que sólo resta la puerta, también estuvo pintado y aún conserva un medio grifo al cual la intemperie ha respetado hasta hoy. Cuando estaba á punto de salir de aquella población, supe que debí­a haber restos pintados, si bien cubiertos por el blanqueo, en los dos muros en que se apoyan las galerí­as del cementerio bajo.


Juan Catalina Garcí­a

Publicado en 1868 en el Arte en España, tomo VII, págs. 48 y 49.-

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