Relación del viaje hecho por Felipe II, en 1585, a Zaragoza, Barcelona y Valencia

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Lunes 4 de febrero de 1585.-

Este mismo dia lunes partió su Majestad de Lupiana á Torrija, villa dos leguas de allí­. Lo mismo hicimos nosotros el martes á las ocho, saliendo de Guadalajara, y pasamos por dos pueblos, Tarazena y Val-de-noche, los cuales están, el uno media legua del otro.

En este camino están muchos olivares, viñas, y campos muy buenos. De Val-de-noche va el camino entre sierras á cada lado, el cual nos lleva hasta Torrija, situada en un collado alto junto á la villa; á la mano izquierda del camino está una fuente muy acomodada para dar agua á los caballos y lavar, la cual muchos de nosotros usaban.

Esta villa es del Conde de Coruña, toda cercada de muros y tiene hacia el poniente un castillo medianamente fuerte á la mano izquierda del camino real. En éste estaba Su Majestad con el Prí­ncipe y sus hijas en un corredor que caia al mediodí­a, viendo el número de nuestra guardia pasar. Su Majestad, habiendo por entónzes comido, se puso luego en el camino, estando nosotros aguardando en un llano junto á la puerta donde se entra en la villa y tirando nuestros pistoletes en señal de nuestra venida. El Rey se fué con sus hijas en el coche y el Prí­ncipe en la litera. Las damas ansimismo iban en sendos coches. Cosa era muy linda de ver tantos coches, carros, caballeros, criados del Rey á caballo y á pié, acemileros y todas suertes de hombres ir de léxos por el camino, cada uno con cuidado de ir delante nosotros para que no fuesen impedidos. A la mano izquierda del camino está un pueblo de quinientas casas llamado Truxeque, del Duque del Infantado ; á la derecha otro que se dice Fuentes, y es del licenciado Barrionuevo de Peralta. Los labradores de entrambos estos pueblos, queriendo amostrar la alegrí­a que tení­an con la venida de Su Majestad, bailaban al uso de España haciendo ruido ó castañetas con los dedos; algunos vendí­an á los pasajeros carne, pan, vino y otros mantenimientos. A boca de noche, como á las cinco, baxamos un valle en que está la villa de Brijuega, cuyo regimiento aguardaba á Su Majestad para besalle las manos á la baxada, de manera qué nos hubimos de detener un poco de tiempo. En la entrada de la villa y por las calles estaban hechos unos arcos triunfales entretejidos de yedra y otros ramos, y coplas puestas á ellos, con las cuales declaraban la buena venida del Rey. También habia dos ó tres maneras de dantas, una de salvajes y otra de labradores, con las cuales recibiendo á Su Majestad lo llevaban hasta su palacio en la plaza. El Rey, puesto en una ventana, parescia que contaba los archeros que pasaban. Nosotros, después de haber tomado los billetes de las posadas, pasamos una mala noche, porque, como dice el Evangelio, no habia lugar en el mesón.

Esta villa de Brijuega es muy antigua, y tiene por ventura su nombre del rey Brigo, de quien otras ciudades de España también lo tienen, porque paresce que lo tiene muy poco trocado. Su sitio es en un valle muy hondo y tiene muchas fuentes que salen de las sierras que están en derredor de la villa. Tiene como mil y docientos vecinos, los cuales son repartidos en cinco parochias , la mayor destas es la de Nuestra Señora, las otras son de San Miguel, San Juan, San Filipe y San Pedro. Solia ser cámara del Arzobispo, y las rentas y provechos pertenescian á la lámpara de la iglesia de Toledo, pero Su Majestad con las demás cámaras de arzobispos y obispos la tomó para sí­. Al medio della hay un castillo, que de muy antiguo comienza á caer, y dicen que éste fue reparado de Alonso VI que ganó á Toledo , y se muestra en él un oratorio en una capilla redonda, donde su real asiento está labrado en la misma pared, de mucha antiguidad y simpleza destos tiempos. En el dicho palacio hay una sala y una huerta sin cultivar, que se solia llamar el Paraí­so. Desta huerta se ven los montes y olivares que están al mediodí­a de la villa. Hacia el levante viene un arroyo que nasce de una fuente que la llaman la Fuen-caliente. Este riega con abundancia de agua las viñas que tiene la villa en este valle, muele el pan y bata los paños y después se mezcla con Tajo. Al poniente del castillo está la iglesia de Nuestra Señora, la cual, como esté fundada sobre una peña, dí­cese Nuestra Señora de la Peña. Dicen los vecinos que se han caido algunos niños della y quedaron sin lision por favor de la Virgen, cuya imagen por esto guardan con devoción. No muy léxos de la villa está una hermita vieja de San Pedro, en la cual se guarda un cáliz de plata dorada que dio el dicho Alonso VI aquí­, como afirman los vecinos. Pasada la noche oyó el Rey misa en la iglesia mayor, y rogándome nuestro capitán que fuese adelante á ayudar hacer las casas, no lo quise rehusar, y me fui antes que el Rey partiese para Alaminos en el Estado del Conde de Cifuentes, donde Su Majestad habia de venir anoche , el cual pueblo estaba dos leguas de Brijuega. La compañí­a de los archeros fué media legua á la mano derecha del camino, aposentada en un pueblo que se dice Las Ivernas, junto á la sierra y del camino de Sigüenza, cuyo señor era don Martin de Castajon, y llamábase muy bien Las Ivernas, porque sentimos de hecho y de nombre allí­ el invierno ; porque casi aun no habia llegado al lugar cuando se comiendo á llover, que no supe donde esconderme y todo era agua de nieve. Lo mismo acontesció á todos que venian con el Rey á Alaminos, páresciéndonos que en una misma escuela habiamos de tener paciencia aprendiendo.

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