El Monasterio de R.R. Jerónimas de S. Ildefonso de Brihuega

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La Villa de Brihuega fue declarada Conjunto Histórico-Artí­stico el 19 de mayo de 1973. La población se hizo acreedora de este privilegio por la riqueza patrimonial, histórica y monumental. En estos casi 30 años ha habido cierta preocupación por el mantenimiento, reacuperación, rehabilitación y restauración de algunos de estos monumentos.

Pero los resultados no han sido todo lo positivos que cabí­a presagiar, porque varios de los monumentos, como el Arco de Cozagón, la Real Fábrica de Paños, parte de las murallas, el Castillo de la Peña Bermeja, la Puerta de la Cadena, el convento Franciscano de S. José, o el caso que nos ocupa: el convento de RR. Jerónimas de S. Ildefonso; presentan como común denominador un estado, relativamente, lamentable.

El Monasterio de las RR. Jerónimas de S. Ildefonso de Brihuega data de finales de S. XVI, (concretamente de 26 de enero de 1596). Ha sido mudo testigo de los avatares de la historia, objeto de agresiones de todas y cada una de las guerras en las que se ha visto involucrada la Villa, ha sufrido saqueos y bombardeos, las leyes desamortizadoras de Mendizábal, y un sinfí­n de penurias, raramente contrastadas con épocas de bonanza. Igualmente, no podemos olvidar las inclemencias meteorológicas, que en el transcurso del tiempo son determinantes.

Si nos fijamos en lo que más recientemente ha afectado al Monasterio, sólo hemos de remontarnos poco más de 60 años, en los albores de la pasada Contienda Civil. Las monjas se ven obligadas a abandonar el cenobio. Cuando la Guerra finaliza y regresan, se lo encuentran en ruinas y totalmente saqueado. Aconsejadas por las autoridades eclesiáticas se fusionan con las monjas de otro convento de Guadalajara, Ntra. Sra. De los Remedios, que está en una situación similar. Poco después se acomete una rápida reconstrucción, poco eficaz, que obliga a invertir los escasos bienes en obras continuamente, hasta que en 1969, los arquitectos de la Diócesis aconsejan el cierre del Convento ante es lamentable estado que presenta: grietas, resquebrajamientos, goteras; que amenazan inminente ruina.

De esta manera la Mitra de Sigüenza les ofrece el traslado a Yunquera de Henares, donde se trasladan en 1971, y actualmente permanecen.

Entre tanto, el viejo cenobio briocense continúa su deterioro paulatino. El Ayuntamiento lo declara en ruí­na el 15 de febrero de 1977. De esta forma, un tanto aséptica, comienza la remodelación de la manzana de acuerdo con la resolución emitida por los Servicios Técnicos de la Dirección General del Patrimonio Artí­stico y Cultural del Ministerio de Educación y Ciencia de 10 de marzo de 1976, debiéndose conservar únicamente la Iglesia, ya que el resto del inmueble es vendido conjuntamente con la huerta, a una empresa constructora, que tras su derribo, debe realizar bloques de viviendas.

La desidia, la falta de ambición y el conformismo que caracteriza a nuestra sociedad, incluyendo a nuestros representantes, han influido en el resultado que nos encontramos actualmente. Donde, posiblemente, los erores no se suman, se multiplican. Y el retraso en afrontar el problema se convierte en un considerable incremento de la inversión. Sin embargo, caer en la sistemática del avestruz, de esconder el problema para no verlo o ignorarlo y posponerlo para el que venga detrás, da una pobre imagen, que no se adapta a los tiempos.

La inversión necesaria para restaurar este patrimonio, todos sabemos que es enorme, pero antes o después se debe de afrontar, so pena de que un buen dí­a, nos los encontremos convertidos en escombros. Para esto también sirve el tópico castellano de la sapiencia popular: más vale prevenir que curar.

No es el momento de reproches a nadie, ni a los muní­cipes, ni al resto del pueblo, entre otras cosas, porque no sirve de nada. Es a partir del momento actual desde donde se debe plantear seriamente este problema, realizar los planes de viabilidad, los proyectos de restauración y conceder las partidas presupuestarias acordes con los objetivos perseguidos. Es evidente que todo simultáneamente no se puede acometer, pero se debe establecer un calendario de actuaciones, con criterios serios y concretos, argumentando las prioridades de reconstrucción.

En el Año 1995 y con motivo de los actos conmemorativos del 550 aniversario del patronazgo de la Virgen de la Peña, se realizaron unos cursos de verano de la Universidad de Alcalá de Henares en Brihuega, coordinados por Salvadora Martí­nez en los que se realizo un pormenorizado análisis del estado del patrimonio artí­stico y arquitectónico de Brihuega. En el curso los profesores: Flavio Monge y J. Ramón del Campo realizan un análisis técnico-patológico de los principales monumentos históricos de la Villa, incluido el Monasterio de las Jerónimas. En aquel momento hubo una declaración de intenciones que todos pensamos serí­a el embrión de la restauración y recuperación de patrimonio briocense. Ha transcurrido un tiempo, más que prudencial y las obras de reconstrución de algunos de estos monumentos engrosan la lista de espera, desplazadas sine die. El tiempo avanza inexorable y el deterioro es progresivo.

El patrimonio que actualmente podemos admirar en Brihuega es fruto del esfuerzo de nuestros ancestros, es una preciada herencia. Es nuestra responsabilidad mantenerla, ciudarla y enriquecerla, para que las nuevas generaciones puedan admirar estos monumentos y tener un referente en una historia, reflejada en loables páginas.

 

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