Esculturas funerarias en Brihuega

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En 1919 el historiador del arte Ricardo de Orueta y Duarte publicó "La escultura funeraria en España : provincias de Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara", primera entrega de una obra que pretendía abarcar toda la geografía española, y que pronto se convirtió en un referente para el estudio de la escultura en España.

Fue autor de varias monografías sobre escultores españoles, como Pedro de Mena, Gregorio Fernández y sobre todo Berruguete, ilustradas con fotografías realizadas por el mismo, lo que supuso una acción pionera en este género de estudios en España. Pero su principal interés fue su trabajo sobre la escultura funeraria en España, que se vio interrumpido por sus obligaciones como político.

D. Ricardo de Orueta y DuarteDurante los años treinta fue elevado al cargo de Director general de Bellas Artes en dos ocasiones distintas, cargo desde el que se propuso salvaguardar el patrimonio artístico español (que se llamaba 'Tesoro Artístico' nacional), especialmente en su segunda etapa, dónde tuvo que ponerse al servicio de la defensa del patrimonio ante el estallido de la Guerra Civil.

Su aportación fundamental, por la que fue reconocido dentro y fuera de España, fue la Ley de Protección del Tesoro de Artística nacional finalizada en 1933, de donde surgió la noción moderna de patrimonio nacional. Tan abundantes deberes le impidieron concluir su magna obra sobre la escultura funeraria en España.

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La gran aportación de Ricardo de Orueta en su obra "La escultura funeraria en España", fue la inclusión de fotografías de los monumentos estudiados en su libro, lo que nos ha permitido tener, al menos, un testimonio gráfico de aquellos que fueron destruídos durante la posterior guerra civil. El archivo de esas fotografías puede consultarse a traves de la página del CSIC. El libro fue reeditado por Ediciones AACHE en el año 2000, dentro de su colección Proyecto Lucena.

San Miguel. Personaje desconocido.

Este sería probablemente un sepulcro exento, pero adosado hoy a un ángulo del muro tan sólo deja ver dos de sus caras, de las cuales una, la de los pies, ha sido picada. Sus dimensiones son: alto, 1 ,40; ancho, 0,80, y largo, 2 metros; su material, alabastro; y su tiempo, hacia los finales del siglo xv. En el frente más largo de la urna, dividido en dos espacios o compartimientos por tres leones en la parte baja y otros tres superpuestos — de los que hoy falta uno — se han labrado dos escudos con ramos de adormideras brotando de la boca de un animal. La inscripción gótica que corre por toda la pestaña y después se continúa en el frente, entre los leones de la parte alta, es un texto bíblico que no dice nada del personaje allí sepultado. Este aparece tendido sobre la cama, con la mano derecha puesta sobre la izquierda, revestido de hábitos sacerdotales y apoyando los pies, que calza con sandalias, en un perro. Es obra interesante como monumento arqueológico que da a conocer el arte vulgar y corriente en aquel tiempo, pero nada más: su valor estético es insignificante y su labor muy pobre e impersonal. Parece el trabajo de un marmolista más que el de un escultor.

En el archivo del CSIC, además de la fotografía que se publicó en el libro, se puede ver una segunda toma del mismo sepulcro de San Miguel, que ofrecemos al inicio de este artículo.

Iglesia de San Felipe. El doctor Fernando de la Fuente.

Esta lápida estuvo empotrada en la pared hasta que al reconstruirse la iglesia, después de un incendio que en 1904 la destruyó parcialmente, fué colocada como frontal en el altar de la Soledad en la nave de la izquierda. Es un trabajo muy vulgar, quizás del mismo industrial que labrara la de Trijueque. Representa a un sacerdote con birrete de doctor y un libro entre sus manos. Al lado, empotrado en la pared, hay un escudo partido en pal, con una fuente en el cuartel derecho y bandos en el izquierdo. La inscripción gótica que corre por todo el borde dice así:

«AQVI ESTA SEPVLTADO EL RREVERENDO SEÑOR EL DOCTOR FERNANDO DE LA FVENTE ARCIPRESTE DE TALAMANCA CVRA DE VALDEPENA, BENEFICIADO EN ESTA IGLIA Y DEL COSEIO DEL REEVERENDISIMO SEÑOR CARDENAL DE ESPANA ARCOBISPO DE TOLEDO FALLECIO A XIIII SE SETIEMBRE DE VI E XVI.»

San Bernardo. Don Juan de Molina.

La estatua, que es lo único que se conserva sin encalar de este sepulcro, es de alabastro y representa al difunto arrodillado sobre un almohadón, con las manos juntas, vistiendo gregüescos, ropilla y gola. Es una obra sin gracia y sin arte, de una labor bastante pobre, mal ajustada en su dibujo y en su proporción, rígida en la actitud y muy desagradable en todos sus efectos. Es un poco mayor del tamaño natural. Lo demás del sepulcro — un arco, quizás con algún ornato — , está modernizado sin dejar el menor rastro de lo que en un principio pudiera haber en él; únicamente en el frente se conserva una lápida de mármol negro, donde está grabada la inscripción, y en su centro se ve un escudo de mármol blanco, cuyos blasones son un castillo, cuya puerta está sobre media rueda de molino, y tres flores de lis, todo con orla de aspas. La inscripción dice:

«AQUÍ YACE JUAN DE MOLINA, VARÓN INSIGNE EN LA PIEDAD, LOABLE EN PACIENCIA Y GRANDE EN LA HUMILDAD, AMANTE DEL DIVINO CULTO, TANTO QUE FUNDÓ ESTE CONVENTO DE MONJAS BERNARDAS RECOLETAS, CON TÍTULO DE SANTA ANA: DOTOLE PARA EL SUSTENTO DE TRES MONJAS PERPETUAS DE SU FAMILIA Y DE UNA CAPELLANIA PARA EL SERUICIO DEL ALTAR, Y OTRA PARA CONFESOR, CON OTRAS MUCHAS OBRAS PIAS. FUÉ REFITOLERO JUBILADO DE LA SANTA IGLESIA DE TOLEDO. TAMBIÉN FUNDÓ EL CONVENTO DE SAN JOSÉ DE FRANCISCANOS DESCALZOS DE ESTA VILLA, Y EN PREMIO LE CONCEDIÓ DIOS EN ESTA VIDA DILATADA EDAD Y EN LA ETERNA, SEGUN LA PIEDAD CRISTIANA, DESCANSO ETERNO. FALLECIÓ Á 24 DE NOVIEMBRE DE 1629, DE EDAD DE 96 AÑOS.»

D. Juan de Molina fue un acaudalado noble, Natural de Alcalá, que residió en Brihuega en el siglo XVII. Casado con la briocense Ana Coronel de Albornoz ocupó diversos cargos de importancia a las órdenes del Arzobispo de Toledo.

Fallecido en 1629 fue enterrado en el presbiterio de la iglesia del convento de Santa Ana, del que fue fundador, a la izquierda del altar mayor y frente al coro bajo de las monjas.

Al ser derribada la iglesia en 1969 fue trasladada la lápida al nuevo convento y colocada a la intemperie donde el paso del tiempo la ha ido deteriorando. La estatua fue retirada del convento durante  la guerra civil y trasladada a Madrid.

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